05/06/2025
He vivido mil vidas en este último mes. El sistema se resetea y da paso a una nueva temporada. Hubo de todo: risas, dolor, llanto, suspiros… y muchísimo amor.
Agradezco a quienes se quedaron como faro en la tormenta, guiando mi camino. Y también a quienes se fueron, para que ambos pudiéramos comenzar de nuevo.
¿Extraño momentos felices? Claro que sí. Pero soy libre, fuerte y feliz, y lo seguiré siendo aunque el mundo se ponga de cabeza.
Vivir con trastornos que la mayoría no entiende —y por los que a veces te encasillan como “difícil”, “intensa” o “complicada”— es todo un reto. Que te rechacen por sentir demasiado, por tener subidas y bajadas emocionales… duele.
Pero más duele perderte a ti misma por fingir que todo está bien. Por llevar una careta de felicidad cuando no tienes ni fuerza para lo más sencillo.
Soy una mezcla de cualidades, defectos, virtudes, heridas y sentimientos que a veces parecen un pozo sin fondo… pero de esa versión mía, sobreviviente y valiente, estoy profundamente orgullosa.
Si conoces a alguien que cambió, que se aleja sin razón aparente, que empieza a descuidarse o ya no se emociona por nada… no lo ignores. Apóyalo. Dile: “Estoy aquí. No estás solo. No te voy a soltar”.
Hablemos sin filtros de lo que es vivir con una mente distinta. Porque sí, hay mentes heridas, pero también hay mentes que se reconstruyen con tiempo, sudor y amor propio… hasta volverse indestructibles.