08/06/2026
Hay ausencias que duelen no por el vacío que dejan, sino por la forma en que se provocan. Como Prensa La Febrero, hoy escribimos con el corazón roto, pero con la dignidad intacta, porque es en la distancia donde la verdad empieza a pesar, y estamos seguros de que ahora que él ya no está, se darán cuenta de la falta inmensa que hará en cada rincón de nuestra comunidad.
Es muy fácil juzgar cuando no se conoce el peso de la carga. Mientras el silencio inundaba las aulas y el mundo descansaba, él pasaba madrugadas enteras despierto, entregando su salud, sus noches de sueño y sus propias fuerzas por levantar el nombre del Centro Educativo Básico Primero de Febrero. Le echó la mano al centro cuando más se necesitaba, dándolo todo sin pedir nada a cambio.
Pero su entrega no era solo de papeles o desvelos; era humana. Extrañaremos al que siempre se ponía a bromear con los padres de familia para sacarles una sonrisa, al que los mantenía atentos, informados y unidos. Hará falta el mediador, el que siempre estaba ahí con la palabra justa para calmar las tensiones y evitar las peleas, y sobre todo, el consejero incondicional que escuchaba, apoyaba y guiaba a los alumnos cuando nadie más lo hacía. Ese vacío no se llena con discursos ni con puestos.
Pero su entrega no era solo de papeles o desvelos; era humana. Extrañaremos al que siempre se ponía a bromear con los padres de familia para sacarles una sonrisa, al que los mantenía atentos, informados y unidos. Hará falta el mediador, el que siempre estaba ahí con la palabra justa para calmar las tensiones y evitar las peleas, y sobre todo, el consejero incondicional que escuchaba, apoyaba y guiaba a los alumnos cuando nadie más lo hacía. Ese vacío no se llena con discursos ni con puestos.
Por eso duele tanto ver que la recompensa a tantas noches de desvelo, a tanta lealtad y a ese calor humano haya sido el señalamiento frío y el olvido. A pesar del trago amargo, él nos ha dejado una lección de nobleza que nos llena de lágrimas los ojos.
Se va tranquilo y con las manos limpias. El tiempo, que es el juez más sabio, se encargará de devolverle a cada alma la paz que sembró o el vacío que causó.