17/09/2026
Cuando un cliente me pidió descuento... ¡y le apliqué su propia lógica!
El timbre de la puerta sonó y entró un hombre con aire apresurado. Traía en la mirada esa energía típica de quien busca hacer crecer su negocio.
—Buenas tardes —dijo, apoyándose en el mostrador—. Tengo una carne de hamburguesa buenísima, la mejor de la zona, y quiero que mi equipo se vea profesional. Necesito 10 playeras estampadas con mi logotipo.
Me dio gusto escuchar su proyecto. Saqué la calculadora, saqué cuentas considerando la calidad de la tela, el tipo de impresión, el tiempo de producción y la entrega. Le entregué la cotización con una sonrisa.
El cliente miró el papel, frunció el ceño y suspiró profundamente.
—Híjole, ¿es lo menos? —preguntó, usando la frase estrella de todo cazador de ofertas—. Es que apenas voy empezando y 10 playeras son bastantes, deberías hacerme un descuentito, un precio de mayoreo.
En este oficio uno aprende a valorar su trabajo, pero también a entender la lógica de la gente. Así que decidí hacer un pequeño experimento social.
—Le propongo algo —le respondí, mirándolo fijamente—. Si hoy voy a su local y le compro 10 hamburguesas para comer con mi familia, ¿usted me hace un descuento?
El cliente se quedó callado un segundo, parpadeó sorprendido y soltó una risa casi por instinto:
—No, no, ¿cómo cree? La carne subió, el pan cuesta, el gas está carísimo y el trabajo de preparar cada hamburguesa es el mismo. Si le descuento, ya no le gano.
Me le quedé viendo en silencio durante dos segundos, dejando que la idea flotara en el aire, hasta que vi la chispa en sus ojos: acababa de entenderlo todo.
—Exactamente —le dije suavemente—. Con la tela, las tintas, la luz y mi tiempo pasa exactamente lo mismo. El esfuerzo detrás de cada unidad no cambia.
El hombre se quedó pensando, soltó una leve sonrisa de resignación y sacó la cartera.
—Tienes toda la razón. Prepáramelas... y cuando vayas por tus hamburguesas, el refresco va por mi cuenta.