10/01/2026
Así se vería el Templo Mayor si nunca hubiera sido destruido: no como ruina, sino como corazón vivo del centro de la Ciudad de México.
Entre semáforos, edificios y pasos peatonales, seguiría marcando el ritmo del tiempo, recordándonos que esta ciudad no nació de cero: se levantó sobre otra que ya entendía el cosmos, el poder y el equilibrio.
No sería solo un monumento.
Sería una presencia incómoda.
Una memoria que no dejaría olvidar.