08/03/2026
El 8 de marzo no es una celebración.
Es memoria. Es historia. Es conciencia.
Es recordar que hubo un tiempo —no hace tantos años— en que las mujeres no podíamos votar, estudiar, administrar nuestro dinero, tener propiedades o decidir libremente sobre nuestras propias vidas.
Los derechos que hoy muchas tenemos no fueron regalos.
Fueron conquistas sociales.
Fueron el resultado de luchas, movimientos y de miles de mujeres que se atrevieron a cuestionar la desigualdad y abrir camino para las que vendríamos después.
Gracias a esas luchas, hoy muchas podemos tener nombre propio, estudiar, trabajar, emprender, tener independencia económica y decidir sobre nuestra vida.
Pero el 8M también es memoria profunda.
Por las que abrieron camino.
Por las que siguen luchando.
Por las que no tienen voz.
Por las que ya no están.
Y por las que aún no regresan a casa.
Como mujer, como abogada y como consultora que trabaja todos los días con personas y organizaciones, este día también me recuerda algo que tengo muy presente en mi propósito de vida:
No todas las mujeres parten del mismo punto.
No todas tienen las mismas oportunidades.
No todas cuentan con redes de apoyo, acceso a información o espacios donde puedan desarrollar su potencial.
Por eso una parte muy importante de mi trabajo y de mi pasión es acompañar, impulsar y empoderar a otras mujeres para que reconozcan su valor, desarrollen su voz y construyan su propio camino.
Porque cuando una mujer avanza, muchas más pueden avanzar también.
Conmemorar el 8M también es reconocer que aún existen brechas, violencias y realidades que debemos seguir transformando desde nuestros espacios, nuestras profesiones y nuestras acciones diarias.
La igualdad no es una concesión.
Es un derecho humano.
Y los derechos humanos se construyen, se defienden y se protegen todos los días.
Hoy quiero preguntarte algo:
¿Qué derecho que hoy tenemos como mujeres crees que debemos seguir defendiendo y fortaleciendo?
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Te leo.