15/02/2026
la religión y la educación.
Autoría: Alfonso Arévalo Moreno.
Los profesores rurales
Por veredas, atajos o caminos reales, a pie o montando caballos o burros, se veía el ir y venir de los maestros rurales, para los padres de familia y sobre todo para los niños, un profesor, como los llamaban, era una persona distinguida y respetada.
En aquellos años veinte o tal vez antes, la educación era para el gobierno federal toda una obligación, un profesor, era una pieza clave para la enseñanza de los niños y éstos, cumplían cabalmente con su tarea, aún a costas de su propio sacrificio.
Un profesor, en cada comunidad era idolatrado, era un ejemplo para los comuneros y su presencia significaba enseñanza porque no solo atendía a los niños, sino también aquellos adultos que no sabían leer ni escribir, ellos no estaban sujetos a caprichos sindicales, solamente obedecían las órdenes de un inspector que también como podía, los visitaba en sus respectivas comunidades para verificar el avance de su trabajo.
Dada su vocación por enseñar a los niños, los maestros no pedían nada al gobierno para realizar su trabajo, con lo que les quedaba de su sueldo, compraban el material para facilitar su enseñanza aprendizaje, ellos, no solamente enseñaban a leer y escribir, también impartían a los niños educación física, música, canto, actividades artísticas y hasta el impulso de huertos escolares.
En aquellos años, utilizaban para enseñar las primeras letras, un pequeño pizarrín y para motivar a los alumnos, ellos mismos compraban los gises de colores y cartulinas, nadie les abastecía de material ni les reponían viáticos como ahora.
Un profesor rural, dormía en un pequeño cuarto anexo a la escuela y la comida, a veces se las daban algunos vecinos generosos, pero los más, pagaban asistencia y no había más que huevos, frijoles, quelites o verdolagas porque era lo único que había en los ranchitos.
Las escuelas de ranchos o comunidades, no eran de material, era hechas de palos forrados con lodo y techos de palma o zacate, los pupitres eran hechos por los carpinteros del lugar y a veces era solo un salón para albergar cuatro grupos, sus patios de juego eran de tierra, el agua la traían de sus arroyos y para iluminarse en las clases nocturnas utilizaban aparatos de petróleo, quinqués y si bien les iba con lámparas de gasolina.
Pese a tantos sacrificios, los maestros lograban excelentes resultados en su enseñanza, en cuarto año de primaria enseñaban lo que ahora se imparte en la preparatoria, vivir por muchos años en una comunidad, era para ellos un aislamiento, pero por su vocación real, disfrutaban de su estancia y con su actitud, lograban hasta estabilizar socialmente a miles de familias que creía en ellos.
Como testimonio, la maestra Gloria Mejía, relata que ella fue parte de esos sufridos maestros rurales, que para llegar a su escuela debía salir de la central camionera, hacia el entronque de Los Cuates, en el trayecto, hacía 45 minutos, de ahí, había que esperar que alguien le diera un raid, luego caminar seis kilómetros donde le esperaba una persona con una mula a la que le cargaban su ropa y el morral donde llevaba aceite, frijoles, repollos y otros comestibles debiendo seguir luego por veredas o terracerías hasta llegar a la comunidad de Tamul donde estaba su escuela.
Relata la maestra que muchos de ellos, no estaban titulados como maestros, algunos solo tenían primaria, pero eran personas de mucha vocación que pese a todo siguieron estudiando hasta obtener su título y ya poder escalar otros peldaños tratando de mejorar su situación.
En el año 1915, algunos maestros urbanos, veían que su trabajo requería de más apoyo y empezaron a realizar reuniones para hablar de la posible sindicalización magisterial, pero sería hasta el mes de diciembre del año 1943, cuando se formaría el Sindicato Nacional de los trabajadores de la educación, siendo la intención la unificación de los maestros.
De ahí en adelante, surgieron las disidencias y todo ello ha arrastrado a la educación hacia niveles bajos y aun cuando el sindicato se fundó para la defensa de los maestros, a través de los años, se ha convertido en un bastión político, campeando la corrupción con venta de plazas, arrebatos por los liderazgos, recomendados sin título y hasta privilegios para damas de buen ver, mientras tanto, la enseñanza aprendizaje, se ha ido a la baja por tantas componendas.
Las religiones
Al igual que los maestros rurales, allá por los años treinta, en los pequeños pueblitos de cualquier región del país, la gente católica, creía fielmente en los padres o curas católicos, como los llamaban, los domingos o fiestas de guardar, acostumbraban reunirse en los atrios de sus iglesias o capillitas, para esperar la llegada del que consideraban el representante de Dios en la tierra.
Las diócesis, regularmente estaban ubicadas en las capitales de los estados y desde ahí comisionaban a este o aquel párroco, para que fuera de vez en cuando a celebrar la misa en los pueblitos o rancherías, donde a la vez, había bautizos y confesiones, actos que se llevaban a cabo con gran solemnidad.
En esos eventos, estaban presentes los vecinos del lugar y de pueblos cercanos, porque consideraban que la presencia de los padres, les purificaba el espíritu y además los acercaba más a Dios, con mucho respeto y fe participaban en la santa misa, besaban la mano al cura cuando tenían la oportunidad mientras que otros, les entregaban ofrendas consistentes en pollos, huevos o algunas monedas.
El catolicismo era real, había fervor, los bautizos, las bodas y las misas a difuntos, eran totalmente gratuitas, amén de las visitas a los enfermos, el padre para todos los feligreses, era una persona considerada guía espiritual, médico, cuando atendía a los enfermos la confianza hacia él era total y ello coadyubaba a que las familias vivieran de cierta forma en paz y apegados a los mandamientos de la iglesia, por lo que, había temor a Dios y ello frenaba las malas acciones.
Las visitas de los sacerdotes a los lugares más remotos, era a pie o a lomo de caballo, iban por veredas o caminos reales y la paga por sus servicios, eran solamente las pocas limosnas que la gente aportaba y que además debían compartir con el sacristán que los apoyaba en sus actividades.
su dormitorio, era el llamado curato, donde solo había un camastro y una jarra con agua extraída de los pozos y la comida eran huevo y frijoles y algunas veces caldos de pollo, pero los padres, se adaptaban a lo que les dieran sin remilgos.
En cada ranchito o poblado, tenían contacto con personas del lugar consideradas guías a quienes encomendaban el orden y el respeto los unos a los otros, además, a las catequistas previamente capacitadas, les encargaban impartir la doctrina a los niños para prepararlos en los rezos, lo cual tenía como resultado que la gente, a través de la religión católica viviera bajo los reglamentos de la iglesia y con ello se asentaba la estabilidad social.
Al paso de los años, todos estos preceptos religiosos se fueron diluyendo para dar paso a la descomposición social, los padres antes respetados y considerados guías espirituales, fueron cayendo en la corrupción, en abusos hacia sus fieles y lo peor, empezaron los cobros de todo servicio religioso hasta negarse dar los santos óleos a un moribundo por no tener dinero.
Ahora, aquellos padres que a pie o a caballo, visitaban las comunidades o rancherías, quedaron en la historia, la modernidad, corrupción y abusos, han ido en aumento y quien solicite un servicio religioso y no tenga vehículo o dinero es ignorado, los actuales “representantes” del señor, viven en mansiones de lujo, con carro último modelo y seleccionan a quien visitar o a atender en sus lujosas oficinas, el comercio por bautizos, misas para bodas o quinceañeras, tiene un alto costo, quien no tenga dinero no tendrá servicios, por lo que las religiones, sean cuales sean ahora son como cualquier empresa, las encomiendas de Dios, parece que quedaron en el olvido.