14/01/2026
La fotografía se cobra la vida.
No en dinero.
En tiempo.
En años que no regresan.
Se cobra madrugadas, errores, dudas,
y la lenta aceptación de que ya no hay salida.
Porque después de mirar así,
ya no se puede volver a ver igual.
La fotografía te quita la inocencia del instante
y te condena a querer detenerlo.
Te enseña que todo desaparece,
y que lo único que podemos hacer
es dejar una huella antes de que ocurra.
Es un camino largo, sin retorno,
donde cada disparo es una decisión
y cada imagen una renuncia a lo que no fue.
Pero también es libertad.
Una libertad áspera, incómoda, real.
La libertad de crear sin garantías.
La libertad de congelar el tiempo sabiendo que igual se va.
La libertad de mirar a un extraño
y afirmar, en silencio: esto importó.
La fotografía no salva.
No promete.
No perdona.
Solo deja constancia.
Y a algunos,
nos basta con eso.
📸 Cuarto Oscuro – Escuela de Fotografía