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El PRI en Sinaloa: Espejismos, encuestas a modo y el naufragio inevitablePor Juan Manuel Acuña SalomónSi lo de Movimient...
19/06/2026

El PRI en Sinaloa: Espejismos, encuestas a modo y el naufragio inevitable

Por Juan Manuel Acuña Salomón

Si lo de Movimiento Ciudadano es miopía y lo del PAN es un descarado negocio de prerrogativas, lo del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Sinaloa ya cae en el terreno de la alucinación política. Para hablar con seriedad de una ALIANZA TOTAL, el tricolor tiene que bajarse urgentemente de su nube de pasado, soltar los espejismos y entender que están en la antesala de su liquidación histórica si no muestran un gramo de humildad ciudadana.

Están las cosas tan mal dentro del priismo sinaloense, que hoy necesitan colgarse de encuestas a modo para armar una narrativa completamente falsa. Los números alegres que difunden sus cúpulas para consumo interno —donde mágicamente se pintan por encima del oficialismo o ganando cómodamente en escenarios de fantasía— no reflejan la calle; reflejan miedo. Quieren tapar el sol con un dedo y venderle a la sociedad civil la mentira de que el pastel tricolor sigue intacto, cuando en realidad las siglas se están desmoronando.

La radiografía real del PRI en el estado es la de un barco donde cada quien busca su propio salvavidas. Por un lado, tenemos a Paola Gárate a la deriva, sola, operando en el vacío y arrastrando las siglas sin una estrategia de tierra ni respaldo real de las bases. Por el otro, la figura de Paloma Sánchez, quien camina únicamente impulsada por el oxígeno que le manda Alejandro "Alito" Moreno desde la Ciudad de México; un cobijo cupular que sí, la pone en la antesala de las decisiones, pero que la distancia del priismo local que ve con recelo el centralismo de su dirigencia nacional.

Y en medio de este desierto, la campaña de Mario Zamora se ha convertido en una cruzada estrictamente personal. Zamora camina por su cuenta, con su propio capital y empuje, pero con un nulo respaldo institucional de su partido. El priismo de abajo no lo acompaña porque las cúpulas locales están más ocupadas cuidando sus parcelas y sus futuras plurinominales que gastando suela junto a él. El colmo de la ironía: de ser cierta la encuesta que lo pone en las nubes, la verdad es que en el territorio lo dejan solo.

Esa soberbia y esa fragmentación interna son el principal obstáculo para aglutinar a la oposición. Mientras el PAN mira de reojo y busca quién le financie la flojera, el PRI frena cualquier intento de renovación real por mero recelo cupular. Su gran reto frente a perfiles externos y atractivos de la sociedad civil será deponer sus taras históricas. Tienen que comprender que con un padrón menguado y un rechazo social latente, ya no tienen la estatura moral para imponer condiciones.

Al PRI en Sinaloa le llegó la hora de la verdad. O entienden que estas encuestas de aparador no ganan casillas y actúan como un aliado generoso, humilde y dispuesto a sumarse a un proyecto verdaderamente ciudadano, o su propia arrogancia terminará por sepultarlos. Si no se quitan el lastre del sectarismo para entrarle en serio a la ALIANZA TOTAL, lo único real que van a terminar administrando en el corto plazo será el acta de su propio sepelio político.

Hay algo que nos une… SINALOAPor: Juan Manuel Acuña SalomónLos sinaloenses somos solidarios por naturaleza; cuando uno c...
15/06/2026

Hay algo que nos une… SINALOA
Por: Juan Manuel Acuña Salomón

Los sinaloenses somos solidarios por naturaleza; cuando uno cae, la mano del vecino siempre está puesta para levantarlo. Sin embargo, hoy estamos viviendo una etapa tan difícil que esa nobleza colectiva está a prueba. A pesar de todo, no dejamos de salir todos los días a buscar nuestro futuro, a luchar por nuestra familia y por el bienestar del estado. Es momento de pensar en grande por Sinaloa, de sacar la casta, el orgullo y la resiliencia pura.

Hay que decirlo claro y de frente: ante la adversidad actual, el miedo real nos ha terminado por paralizar, sumiéndonos en una preocupante apatía. Esa indiferencia frena la economía y hace temblar a los negocios locales —los que construyen los de aquí, no las franquicias internacionales que los ricos compran afuera para venir a replicar—. Esos comercios de casa hoy sufren la incertidumbre de no saber si mañana podrán abrir. Pero aquí es donde debe salir nuestra verdadera naturaleza: si el barco se tambalea, nadie se baja; nos plantamos a defender la plaza. Si el barco se hunde, nos ahogamos todos, pero les aseguro que ningún sinaloense se va a ir al fondo sin pelear.

La verdadera unión se ve cuando el agua nos llega al cuello. Se nota cuando el cielo se cae en septiembre con un ciclón, o cuando la violencia congela las calles de Culiacán y nos encierra. Ahí, en medio de la crisis, es donde se cae la farsa del poder y emerge el verdadero ciudadano.

Lamentablemente, en el día a día nos ha ganado la indolencia. Por más esfuerzos aislados que se han hecho para cohesionarnos, pareciera que terminamos naufragando en un mar de indiferencia. Urge romper ese bucle y cerrar filas en una ALIANZA TOTAL. Y no me refiero a un simple membrete político o a acuerdos cupulares; hablo de un bloque sólido entre los partidos y la ciudadanía, una fuerza real para ser nosotros mismos quienes tomemos las riendas de nuestro destino.

Hay que dejar atrás los lamentos pasivos y activar una reacción de emergencia ante lo que estamos "viviendo". Y lo pongo entre comillas porque, seamos honestos, esto no es vida; al menos no la calidad de vida que merecemos y deseamos la gran mayoría de los sinaloenses.

Despertar significa que el sinaloense apoye al sinaloense. Aunque el escenario esté de la chingada, hay un factor común que nos rescata: SINALOA. El rumbo del estado está en nuestras manos; esas manos que sudan todos los días, que labran el campo, que operan las empresas, que piensan, producen y no se doblan ante nada ni ante nadie.

No necesitamos salvadores provenientes del centro del país que, sentados detrás de un escritorio, se sientan los mesías o los todopoderosos dueños de la solución. Tampoco tenemos que voltear a buscar recetas ajenas; Coahuila no es Sinaloa. Nuestro estado no es solo una coordenada en el mapa: somos un millón 340 mil ciudadanos con el carácter suficiente para definir quiénes somos y hacia dónde vamos.

El éxito de esta convocatoria está en tus manos. Si logramos articularlas con las de los demás, seremos capaces de vencer cualquier desafío, porque la verdadera fuerza nace de reconocer que el triunfo de un sinaloense es la victoria de todos.

Dejemos atrás los falsos orgullos, los intereses mezquinos y los egos. Somos muchos los ciudadanos preocupados, pero si seguimos actuando como islas, no vamos a llegar a ningún lado. Por el bien de nuestra tierra, unámonos tirios y troyanos; hagamos el esfuerzo definitivo por consolidar ese gran frente ciudadano que Sinaloa hoy nos pide a gritos.

¿Nos importa realmente Sinaloa?Por Juan Manuel Acuña SalomónEs momento de pasar de la queja individual a la acción colec...
11/06/2026

¿Nos importa realmente Sinaloa?
Por Juan Manuel Acuña Salomón

Es momento de pasar de la queja individual a la acción colectiva que obligue a las estructuras políticas a reaccionar. Llegó la hora de dejar atrás el lamento estéril. Pareciera que estamos empantanados repitiendo lo mismo frente al micrófono, pero no es así; debajo de la superficie, el reclamo del pueblo y el hartazgo ciudadano ya construyeron una base social sólida, silenciosa y lista para activarse.

Ha llegado el momento de romper la indiferencia y convocar a una mesa de diálogo frontal con las dirigencias de los partidos de oposición. Pero que quede claro: no se trata de una reunión para repartirse el pastel de las cuotas ni negociar privilegios al amparo del poder, sino de un espacio indispensable para escuchar el sentir genuino de la sociedad civil organizada.

Sinaloa necesita una mesa de cara a la ciudadanía, donde los cuatro dirigentes estatales —Wendy Barajas del PAN, César Emiliano Gerardo Lugo del PRI, Sergio "Pío" Esquer de MC y Robespierre Lizárraga del PAS— escuchen de viva voz y de frente el dolor, la frustración y la exigencia del ciudadano sinaloense.

Hay que dejarles claro que, en la coyuntura actual, la alianza no es una opción negociable ni un capricho de café; es la única tabla de salvación. La alianza total es un requisito indispensable si realmente se tiene la intención de rescatar al estado del deterioro institucional y la orfandad en la que nos encontramos.

Los datos fríos de las últimas contiendas electorales en Sinaloa no mienten y son demoledores: ningún partido de oposición, por sí solo, tiene la estructura, el dinero ni el padrón para competirle a la aceitada maquinaria clientelar del oficialismo. Ir divididos es pavimentarles el camino. Por lo tanto, la alianza no es un favor condescendiente entre logotipos; es la única fórmula real para sumar las estructuras dispersas y alcanzar el umbral de votos necesario para ganar.

Para lograrlo, es urgente instalar una mesa de negociación donde se unifiquen todos los esfuerzos, alineando tanto el peso legal de los partidos como la energía de las fuerzas vivas de la ciudadanía. El objetivo único debe ser diseñar una gran coalición arropada por los sectores productivos, agrícolas, empresariales y sociales del estado. Una alianza de esta magnitud, lejos de diluir a los partidos, multiplicaría de inmediato el valor de sus siglas, respetando la rentabilidad y el peso específico de cada fuerza política para construir un bloque verdaderamente ganador.

Sin embargo, debemos sortear una trampa legal y estratégica. En México, la ley obliga a mantener un esquema de coalición abierta donde los partidos conservan su representación e identidad. En la práctica, esto suele generar una absorción cupular donde el partido que se siente con mayor fuerza económica y estructural termina canibalizando a los demás. Eso no es lo ideal, ni es lo que buscamos. Se requiere un análisis riguroso de la situación actual, del contexto político, y entender que las cosas no pueden seguir igual.

Si bien la intención es sacar al oficialismo del gobierno actual, el voto de hartazgo no será suficiente. Se necesita una opción creíble; y me refiero a una alternativa real representada conjuntamente por los partidos de oposición y la sociedad civil organizada, capaz de encontrar un liderazgo que encabece esta alianza con propuestas de vanguardia, claras y precisas sobre lo que Sinaloa necesita para enfrentar su futuro próximo.

Es momento de usar la inteligencia política. Esto no se trata del diseño de una bonita campaña de publicidad impulsada por algoritmos de redes sociales. La inteligencia política es, fundamentalmente, la capacidad de leer la realidad invisible de un territorio: sus códigos culturales, sus agravios históricos, sus flujos de confianza y los miedos latentes de su población, para luego traducir esa lectura en estrategia, narrativa y acción territorial.

Cuando hablo de la necesidad de una alianza total, no me refiero a que la unidad sea uniformidad. Unidad es coordinar la diferencia en torno a un propósito común. Si todos dicen lo mismo o si una sola marca aplasta a las demás, el elector se confunde y se aleja.

Los sinaloenses entendemos perfectamente las reglas del juego: los partidos políticos son el vehículo legal e institucional indispensable para que el voto del hartazgo cuente y sea válido en la boleta electoral. No podemos saltárnoslos. Por lo tanto, nuestra estrategia no es abandonarlos, sino obligarlos a enarbolar juntos una sola bandera de unidad que la sociedad civil sinaloense haga suya con orgullo y determinación.

La base social ya está lista y la moneda está en el aire. Los dirigentes de la oposición deben entender que la alianza es el único camino donde ganamos todos. Sentarse a escuchar a los ciudadanos ya no es una invitación de cortesía; es el último llamado histórico para demostrar si realmente les importa Sinaloa. Es momento de empezar a hacer política de adeveras: con pies en el territorio, datos en la cabeza, respeto a las marcas aliadas y una propuesta de vanguardia que le devuelva el rumbo a nuestro estado.

HartazgoPor Juan Manuel Acuña SalomónEstoy harto de:Ver todos los días el cierre de negocios.La falta de empleos.Ver sol...
10/06/2026

Hartazgo
Por Juan Manuel Acuña Salomón

Estoy harto de:

Ver todos los días el cierre de negocios.

La falta de empleos.

Ver soldados y policías en las calles sin ton ni son.

Vivir con miedo.

Pensar en que puedo acabar atrapado en un fuego cruzado.

No poder salir después de las 8 de la noche.

Sentirme desprotegido ante la delincuencia.

El repunte de tanto carro robado.

Tanta indiferencia.

Ver una autoridad rebasada.

Tantas mentiras del gobierno en turno.

Cómo el costo de la vida sigue subiendo.

Ver una ciudad paralizada por el miedo.

De la narrativa del "no pasa nada".

Tanta corrupción gubernamental.

De la falta de medicamentos en los hospitales.

Ver cómo el presupuesto se queda en el discurso o en las bolsas de unos cuantos, mientras el estado se deteriora.

Ver partidos de oposición que les vale madre Sinaloa.

Y así podría seguir llenando hojas y hojas de lo que estamos hartos en Sinaloa.

Es importante señalar que el hartazgo es una fuerza política que no tiene partido, es el camino idóneo para sacar a Morena de Sinaloa. La gente en Sinaloa no buscamos salvadores; busca consecuencias para quienes los dejaron solos.

En Sinaloa la política tradicional ha dejado de tener sentido. Al ciudadano de a pie ya no le importan las promesas de campaña, las encuestas infladas ni las fotos simuladas en las redes sociales. Lo que verdaderamente moviliza el voto es la acumulación silenciosa de agravios. El hartazgo colectivo altera por completo la dimensión de una elección porque actúa como un catalizador subterráneo: acumula presión en la intimidad del miedo y el resentimiento, hasta que revienta con furia contenida en las urnas.

El verdadero peligro para el oficialismo no es un candidato de oposición brillante; su peor enemigo es la memoria de un pueblo abandonado. Cada cortina de negocio que se baja de forma definitiva en Culiacán, cada peso de más que cuesta llevar comida a la mesa, y cada mirada de zozobra al escuchar el motor de una camioneta sospechosa, es un voto menos para la continuidad. La indiferencia gubernamental ha sembrado una tormenta perfecta: un electorado que ya no vota por esperanzas abstractas, sino por frenar de golpe el dolor y la humillación diaria.

Este fenómeno se vuelve aún más complejo al mirar hacia el otro lado del espectro político. Nos topamos con una realidad igual de deprimente: partidos de oposición a los que les vale madre Sinaloa. Dirigencias enfrascadas en defender sus propias cuotas, negociar plurinominales y jugar a la simulación desde la comodidad de sus oficinas, completamente desconectados del pulso de la calle. Su inacción es cómplice de la tragedia estatal.

Por eso, el cambio en Sinaloa no vendrá diseñado desde las cúpulas partidistas tradicionales. El hartazgo es una fuerza política líquida, indomable y profundamente pragmática. No responde a colores, responde al estómago y a la dignidad pisoteada. Si el régimen actual confía en que la división y el letargo de la oposición formal les garantiza la permanencia, están cometiendo un error de cálculo histórico. No están compitiendo contra un logo político; están compitiendo contra el desprecio acumulado de miles de familias sinaloenses.
La narrativa cínica del "aquí no pasa nada" ha terminado por romper el último lazo de respeto entre el gobierno y la sociedad. Intentar maquillar el desastre con discursos alegres o repartos clientelares es un insulto a la inteligencia de un estado que sabe perfectamente lo que es trabajar y salir adelante por cuenta propia. El presupuesto se evapora en la opacidad mientras los hospitales siguen convertidos en cascarones vacíos y las calles se vuelven intransitables después de que cae el sol.

La conclusión de esta crisis de gobernabilidad es ineludible. En Sinaloa ya no se buscan mesías ni figuras salvadoras que prometan el paraíso en la tierra. Lo que el sinaloense va a exigir con la boleta en la mano es rendición de cuentas. El voto del hartazgo será el instrumento para imponer consecuencias reales a quienes teniendo la obligación constitucional y moral de protegernos, decidieron mirar hacia otro lado y dejarnos en la más absoluta orfandad. El hartazgo no va a perdonar; va a cobrar la factura completa.

07/07/2025

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