29/06/2026
Querido Andrés, es el año 2012 y estás en el Congreso de Lima, junto a un amigo, acompañando una votación a favor de la vida y de los derechos religiosos.
No lo sabes todavía, pero esa foto no habla solo de una causa. Habla de una etapa completa de tu vida.
Venías de dejar la música electrónica. Venías de buscar respuestas en todos lados: religiones, filosofías, prácticas orientales, Sai Baba, Reiki, yoga, y cuanto camino espiritual se cruzara frente a ti. Buscabas sentido. Buscabas verdad.
Hasta que un día llegaste a un retiro de Lazos de Amor Mariano y algo cambió profundamente. Te convertiste al catolicismo de una manera radical, intensa, misionera. No fue una conversión de discurso. Fue una conversión de vida. Te cambió la agenda, las prioridades, las lecturas, las batallas y la forma de mirar el mundo.
Después vino tu servicio de misionero en Medellín. Luego fundaste el Observatorio Católico del Ecuador. Y después Voluntarios por la Vida. En uno buscabas proclamar la doctrina social de la Iglesia como un modelo político viable. En el otro, ayudar a niños que habían sido abusados. No había cálculo. Había causa. Había fuego. Había una necesidad real de hacer algo.
Escribiste libros como 125 preguntas sobre la Nueva Era y La oración en acción. Fuiste parte de HazteOír y CitizenGO. Caminaste congresos, reuniones, votaciones, marchas, campañas y causas que te marcaron para siempre.
Mira bien esa foto. Ese joven todavía no sabe que algún día va a querer ser presidente de su país. Tampoco sabe que la vida le va a cambiar el mapa. Que la vocación pública va a encontrar otro lenguaje. Que ese impulso por defender ideas terminará llevándolo a diseñar campañas, formar equipos, leer sociedades y construir poder.
No lo sabes todavía, pero años después te vas a convertir en estratega político. Y ese joven que alguna vez quiso cambiar el mundo desde la militancia católica terminará siendo arquitecto de más de 150 campañas.