18/07/2021
Navegando sin agua 🖤
Por años estuve navegando sin agua, caminando a ciegas sobre un viento hueco, escuchando el silencio romper el cielo, mirando rostros volverse ajenos. Todo estaba tan vacío, el frío congelaba mil abrigos y el sol volvía cenizas cualquier roca.
Son recuerdos vanos que por alguna razón no me atrevo a olvidar, me gustaría pensar que no me enamore del piso al tocar fondo, pero cada que pienso en ello me lastima igual que hace tantas lunas, y sin embargo sucede a cada dormitar.
Mirar un cielo vacío es como abrir los ojos y sentir que aún están cerrados, solo se observa oscuridad, es una sensación extraña que paraliza la razón. He oído hablar tantas veces del entusiasmo que causa soñar despierto, pero ¿Qué pasa cuando no son sueños sino pesadillas? Cuando todo lo vives debajo del agua densa ¿Qué sucede cuando no puedes despertar porque ni siquiera estas dormido?
Caos, centenares de madrugadas quemantes en medio del césped helado, con las manos frías y el corazón callado, con la mente ausente y sin rastro de luz, un hueco amargo que te abraza con lastima, acoge tu miedo y arranca de ti cada ola de paz, nadie ahí conoce la misericordia, solo el repudio, las yagas de acusación y las marcas eternas que no desvanecen, se petrifican, permanentes, expuestas.
Las lluvias de noviembre perforan, pero los cielos de octubre no perdonan desdenes de años, no olvidan llantos de clemencia, no borran amaneceres crudos, sus nubes cargadas de p***s arrojan tormentas, destruyen calmas, derrotan descansos hasta la cama, sin dicha la lluvia empapa más que cualquier océano, no refresca, inunda, destruye de dentro hacia fuera, sin oportunidad de huida, el sol cae y la niebla late entre mis oídos, opaca los caminos, pierde el sentido.
Sin rumbo, cargada de sombras justo al centro de la noche incierta donde invaden las lagrimas rotas, atraviesan ecos de punta a punta que arrítmicos pelan con el silencio en pausa buscando sonidos rotos que sofoquen gargantas con puñados de falsas promesas.
Son esas noches en las que divago pensando en las infinitas posibilidades de que todo caiga de nuevo, del encierro permanente en su totalidad, es extraño, es como recordar una vida ajena, aquella que fue mía durante tano tiempo hoy resulta tan insípida.
Alguna vez vi mi reflejo brillar, deslumbraba hasta la más pesada oscuridad, a veces pienso que fue un delirio, porque es algo que hoy suena tan irreal, la posibilidad de haber sido luz alguna vez me clava tristezas del pecho al alma, no hay condena más grande que la decepción propia y yo hace mucho que vago deshonrada de mí.
Cuando se acaba la llama de un incendio todo es alivio, pero cuando las luces dejan de encender, el miedo invade, te acorrala y sofoca hasta agotar, no hay gritos, ni siquiera hay voz. Si mi incendio esta al borde y mis luces se hayan rotas, no encuentro dónde pueda haber reparación, no pido agua porque me ahoga a golpes, tampoco busco remedio porque me da pavor estropear algo más.
Me recuesto en medio de todo ese campo marchito al que solo yo se llegar, me atacan las horas y me arrastran hasta la realidad, sin permiso ni aviso previo, todo cae sobre mi pecho, agonizante, sin palpito, cerrado incluso para mí. Es la noción perdida quien llama para entrar.
Hoy todo se encuentra aquí y en ningún lado, aún busco esa luz, que sostuvo el aire para verme caminar, recelo la vida perdida y me pierdo en el mismo mar, navegando sin agua, respirando hiel. Mantengo los ojos abiertos, quizá la brisa negra desvanezca, quizá alguna luna rompa el cristal y yo talvez pueda ver por encima de lo irreal, vida y ya no más soledad.
-Paola Molina Sánchez