07/01/2026
https://www.facebook.com/share/p/17aJYBYUZr/
Durante la última década la sociedad ha entrado en pánico colectivo por el efecto que los teléfonos inteligentes están haciendo en los adolescentes. Varios estudios han vigilado obsesivamente el tiempo de uso de la Generación Z, temiendo por su salud mental.
Pero, paren todo, porque, mientras todos miraban hacia la juventud, ocurrió un fenómeno silencioso en el otro extremo. La verdadera revolución del tiempo en pantalla estaba ocurriendo en las salas de estar de los abuelos.
Según un análisis reciente de The Economist, la digitalización de la vejez ha alcanzado niveles históricos. En países desarrollados como Estados Unidos y Reino Unido, el grupo demográfico que más ha aumentado su consumo digital no son los jóvenes, sino los mayores de 65 años.
Lo que empezó como una herramienta necesaria para comunicarse con la familia, se ha transformado en un hábito de consumo masivo de noticias, redes sociales y entretenimiento pasivo.
Pero el reporte advierte sobre un costo que nadie vio venir. Primero, un sedentarismo aún mayor en una población que necesita movimiento físico. Y segundo, una vulnerabilidad extrema ante la desinformación y las estafas digitales, ya que muchos mayores no crecieron desarrollando el cinismo digital necesario para filtrar las noticias falsas de internet.
Es una ironía moderna. Los padres que antes regañaban a sus hijos por ver demasiada televisión ahora son incapaces de soltar un móvil durante la cena.
Fuente: The Economist y Pew Research Center. Análisis sociológico basado en tendencias de consumo digital reportadas en 2024-2025.