17/10/2025
En los años 60, un niño jugando con un silbato del cereal Cap’n Crunch hizo un descubrimiento inesperado: el silbato emitía un tono de 2600 hercios, la misma frecuencia que usaba el sistema telefónico de AT&T para liberar las líneas de larga distancia.
Ese pequeño sonido se convirtió en una llave. Si lo imitabas, podías engañar al sistema y hacer llamadas internacionales gratis. Así nació una comunidad de jóvenes curiosos y bromistas tecnológicos conocidos como los “phone phreaks”, los pioneros del hackeo moderno.
El más célebre fue John Draper, apodado “Captain Crunch”, quien construyó dispositivos llamados “blue boxes” para reproducir los tonos con precisión. Entre los fascinados por su invento estaban dos estudiantes llamados Steve Jobs y Steve Wozniak, que fabricaron y vendieron sus propias blue boxes mucho antes de fundar Apple.
Lo que comenzó como un juego infantil terminó exponiendo la fragilidad de la red de comunicaciones más poderosa del mundo y marcó el nacimiento de la cultura hacker.
El legado fue tan grande que años después, una revista de ciberactivismo adoptó su frecuencia como nombre: “2600: The Hacker Quarterly”, en honor a aquel tono legendario.
En la foto: John Draper en 2015, mostrando el silbato original de Cap’n Crunch con el que todo comenzó.