09/05/2015
Diez cosas que las mamás nunca cuentan a sus hijos:
1. La hiciste llorar…a menudo.
Ella lloró de emoción cuando se enteró que estaba embarazada. Ella lloró de felicidad cuando tú naciste. Ella lloró de alegría la primera vez que te cargó. Ella lloró de satisfacción con cada uno de tus logros, y lloro de impotencia con cada uno de tus fracasos. Ella lloró por miedo. Ella lloró por preocupación. Ella lloró porque te quería tanto. Ella sentía tu alegría y tu dolor y lo compartió contigo, no importa si lo sabías o no.
2. Ella quería el último pedazo de la galleta.
Pero cuando ella te vio mirar con eso grandes ojos, lamberte alrededor de la boca con esa lengua pequeña, no se la podía comer. Porque ella sabía que iba a ser mucho más feliz si la galleta iba para tu pequeño estómago, en vez del de ella.
3. Ella soportó dolor…
Cuando le jalaste del pelo, cuando la cogiste con esas uñas afiladas que parecían imposibles de cortar. Dolió mucho. Le partiste las costillas cuando pateabas adentro desde el estómago. Agrandaste su estómago por nueve meses. Y le diste un dolor infernal cuando llegaste a este mundo. Cuando llegaste a la edad de la rebeldía y la juzgaste y te enfrentaste a ella, cuando actuaste con frialdad e indiferencia, cuando eres egoísta y en tus ocupaciones no encuentras un minuto para ella.
4. Ella siempre estaba asustada.
Desde el momento que naciste ella hizo todo en su poder para protegerte. Ella se volvió como una mamá oso que protege a su osito. Como una fiera cuando debía protegerte. Ella era la mujer que quería decir no cuando la vecina preguntaba si te podía cargar. Porque en su mundo nadie te podía cargar tan seguro como ella. Su corazón dio unas vueltas cuando dabas tus primeros pasos. Ella se mantenía despierta en las noches para asegurarse que llegaras a casa y te despertaba temprano para que tuvieras tiempo de ir al colegio. Cada vez que te doblabas un dedo o te caías ella estaba cerca. Cada vez que tenías una pesadilla o fiebre estaba ahí para levantarte de la cama. Ella siempre estaba ahí para ver que estuvieras bien.
5. Ella sabe que no es perfecta.
Ella es su peor crítica. Ella sabe todos sus defectos, y a veces se odia a sí misma por eso. Pero cuando se trata de ti es cuando es más dura con sí misma. Ella quiere ser la mamá perfecta, y no quiere hacer errores – pero como es humana obviamente comete errores. Probablemente sigue tratando de perdonarse por ellos. Ella quisiera de todo corazón poder viajar en el tiempo y hacer las cosas diferentes, pero no se puede. Ella trata de consolarse pensando que hizo lo que más pudo.
6. Ella te miraba cuando dormías.
Había veces cuando se quedaba despierta hasta las tres de la mañana y oraba para que te durmieras. Prácticamente no podía mantenerse despierta cuando te cantaba y te pedía “por favor, por favor, duérmete”. Cuando por fin te dormías te acostaba, y por un momento se desaparecía todo su cansancio. Esto pasaba cuando estaba sentada al lado tuyo de la cama y miraba tu carita de ángel expresando más amor de lo que creía que era posible.
7. Te cargó mucho más que nueve meses.
Tú necesitabas ser cargada. Así que lo hizo. Ella aprendió como cargarte mientras limpiaba, mientras comía. Hasta te cargaba mientras dormía, porque así era la única manera que podías dormir. Sus brazos se cansaban y le dolía la espalda, pero ella te cargaba porque tú querías estar cerca de ella. Ella te acariciaba, te amaba, te besaba y jugaba contigo. Tú te sentías segura en sus brazos, feliz en sus brazos. Tú sabías que eras amada en sus brazos. Así que te cargaba mucho y todo el tiempo que necesitabas.
8. Su corazón se partía cada vez cuando llorabas.
No había ningún sonido que fuera tan doloroso como cuando llorabas, o ninguna vista tan horrible como cuando tus lágrimas pasaban por tus mejillas. Ella hacía todo lo que estaba en su poder para que no lloraras más. Y cuando no podía hacerte parar de llorar su corazón se partía en mil pedazos y lloraba contigo.
9. Tú siempre eras primero, antes que nada.
Ella podía estar sin comida, sin ducharse o sin dormir. Ella siempre ponía tus necesidades primero, antes que los suyas. Ella pasaba todo el día asegurándose que tú tuvieras todo lo que necesitabas, y cuando el día se había acabado no tenía energía para sí misma. Pero el próximo día se despertaba y hacía todo otra vez, porque tú significas todo para ella.
10. Ella lo haría todo de nuevo y lo seguirá haciendo mientras viva.
Ser madre es uno de los trabajos más duros que uno puede tener y una madre es capaz de llegar a límites de los que jamás imaginó que era capaz por amor a ti. Llora, lucha, se duele, trata, falla, trabaja y aprende. Pero con solo mirarte, siente una cantidad de felicidad tan grande que no creías que era posible, siente más amor de lo que su corazón aguanta. A pesar de todo el dolor, la tristeza, preocupaciones, noches tardes y madrugadas difíciles que obligas a tu mamá a pasar, ella lo haría todo otra vez por ti, así de importante eres para ella.
La próxima vez que la veas déjale saber que la amas. No esperes a que llegue el momento en que no puedas hacerlo. Nunca serán para ella demasiadas veces, jamás se cansará de escucharlo. No esperes a que tener el pretexto de un “Día de las madres” Ella sigue y seguirá siendo tu madre todos los días, aunque ya no se encuentre en este mundo, su esencia y su gran amor perduraran para seguirte amando y protegiendo.