01/09/2022
CÓMO COMPORTARSE EN UN NEGOCIO DONDE NO LES INTERESAS
Cuando entras a un negocio, a cualquier negocio, dos de cada tres veces y puede ser todavía más, el vendedor no te quiere atender. Es algo patológico, aunque yo solía tomarlo como personal, pero no es personal. Se trata simplemente que el vendedor quería ser otra cosa, cualquier otra cosa. Pero está ahí, en ese negocio, que a veces está adentro de un shopping, unas doce horitas por día. Y el vendedor, que quería ser otra cosa, te odia por eso.
Entonces, la forma que tiene el vendedor de expresar su odio a la humanidad toda es ignorarte. Vos entras, y el vendedor sigue hablando con el otro vendedor, o habla por teléfono como si estuviera arreglando para cenar con Daniela Urzi, o mira la computadora, la pantalla de una computadora que atrasa treinta y siete años y tiene un monitor de fósforo naranja. Mira la computadora, el vendedor, y no a vos, no te saluda ni sonríe, no te dice ‘hola’, mira la computadora como si estuviera jugando al póker con el gordo Ronaldo, como si estuviera twitteándose con Lady Gaga, como si su vida no pudiera parar de ser interesante.
Y antes me ofendía, me ponía mal. Tosía o decía algo. Pero no hace falta eso, no.
El antídoto, la forma, es bien sencilla. Lo único que tienes que hacer es ponerte a tocar algo. Algo de la mercadería que hay en el local. Olvídate del vendedor, olvídate si entra más gente. Si estás en una casa de ropa descolgá un s**o que te quede, a vos, tres talles más chico, y empezá a meter un brazo, quizás incluso sin sacarte tu propio s**o. O sacas un pantalón de un perchero y empezás a meter un pie con zapato y todo. Si es una fiambrería podes levantar un pedazo de queso fontina que fue prolijamente ubicado sobre el mostrador, lo levantas con ambas manos y apoyas la nariz encima o le metes un dedo para ver la consistencia, o agarras una mortadela de cinco kilos cortada al medio, te la pasas por la frente y suspiras. Si es una librería agarra un libro, cualquier libro, lo abrís al máximo, como si quisieras partirlo en dos, y te pones a leer, así de pie. Das vuelta una página, lees un par de líneas, pensás, das vuelta otra página con descuido, la doblas, la arrugas.
En cualquier caso, el vendedor se va a fastidiar mucho.
‘¿Sí?’, te va a decir, o ‘Señor’, o ‘¿Qué desea?’.
–Nada –respondes–. Quería saber si existo.
Y te vas.
(J. Hundred)