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23/09/2026


Les explico.

Hace unos días, una fundación tapachulteca otorgó un reconocimiento —al que denominó «certificación»— a un colectivo regional que, hay que decirlo, está realizando una importante labor en Tapachula. Hasta ahí, nada que objetar. Todo lo contrario, reconocer el trabajo de quienes aportan a nuestra comunidad siempre será una buena noticia.

El detalle apareció en los márgenes del documento: logotipos de instituciones gubernamentales que, hasta donde pude averiguar, nada tendrían que ver con la fundación que expidió la llamada certificación. Entre ellos, nada menos que los de la Secretaría de Cultura. Y, para darle un toque todavía más interesante al asunto, un código QR que, lejos de conducir a algún convenio, registro o documento oficial, llevaba a una nota relacionada con un banco digital de carácter particular.

Confieso que preferí no hacer ningún comentario apresurado. Pensé que, quizá, existía algún convenio, autorización o instrumento jurídico que explicara y respaldara el uso de esa imagen institucional. Después de todo, sería bastante extraño colocar logotipos oficiales en un documento sin contar con algún tipo de autorización.

Así que hice lo más sencillo y como buen periodista consulté a los organismos de transparencia correspondientes, tanto de la Secretaría de Cultura como del Fondo de Cultura Económica.

¿Y cuál creen que fue su respuesta?

Uno nunca sabe cuándo termina preguntando por un logotipo y termina encontrando que ni en el SAT están inscritos como donatarias autorizadas, en mi próxima columna vamos a explorar los alcances legales de una fundación, asociación u organización civil respecto de los documentos que expide, particularmente cuando en ellos aparecen logotipos, referencias o elementos gráficos que podrían hacer pensar que existe algún tipo de respaldo institucional.

Porque una cosa es otorgar un reconocimiento. Otra, que realmente tenga el aval de una institución federal.

Su frater, Eduardo Briones.

Pd: Hagan esta plana.

Que yo conozca al rector de la Unach no me hace poner el logo de la universidad en mi diploma.

Que yo conozca a Paco Ignacio Taibo no me da derecho usar los logos de Fondo de Cultura Económica en mis documentos.

Ningun gato es león, solo por ser felino.

100 veces cada uno. Tarea ¡Eh!

Su siempre incomodo frater,

Eduardo Briones.

Traigo a tema a dos artistas encumbrados de México, que iniciaron carrera desde tempranas edades.  Uno es el gallito Fel...
23/09/2026

Traigo a tema a dos artistas encumbrados de México, que iniciaron carrera desde tempranas edades.

Uno es el gallito Feliz, Cristian Castro, Aleks Sintek, “El sin teclados”

El artículo en el primer comentario.

Preguntar no es confrontar. Es exigir rendición de cuentas.
07/09/2026

Preguntar no es confrontar. Es exigir rendición de cuentas.

03/09/2026

PERO QUE NECESIDAD

[Odiseas Posmodernas]

A todos nos gusta las historias, reales o no, pero deben de ser simpáticas, emotivas, conmovedoras, llenas de lágrimas, salvajismo y/o risas, la ordinarieidad no atrae. ¿o sí?.

John Lennon tenía veinticinco años cuando, cuando los Beatles declararon que eran más famosos que Jesucristo, no lo hicieron de mala. fe Artistas de esa talla parecieran que logran hacer mover el sístole y el diástole, percibieron la euforia que sentía el público.

El fenómeno de Juan Gabriel y la inmensa tribu que lo sigue y lo celebra es incalculable. Su historia abarca pobreza, abandono, encierro, poder y misterio. Elementos que ni las obras más destacadas de autores universales logran transmitir.

Sus detractores dicen que fue un letrista torpe y chambón, que su prosodia y sintaxis era forzada llena de lugares comunes y absurdos. Pero eso es precisamente la razón de su éxito, la imperfección genial de la muchedumbre.

«Dadme un punto de apoyo y moveré la Tierra» expresó el astrónomo y matemático Arquímedes de Siracusa. Juan Gabriel conectó con la audiencia, porque en el alguno o varios puntos hacía alusión a esas emociones, y energías contenidas. Ya sabemos que vibramos y emitimos frecuencias, Octavio Paz en su Laberinto de la Soledad: “El mexicano puede doblarse, humillarse, 'agacharse', pero no 'rajarse', esto es, permitir que el mundo exterior penetre en su intimidad.”Por eso, si nos dicen en una canción “Perdona si te hago llorar, perdona si te hago sufrir, pero es que no está en mis manos”. Algo hace clic.

Si se narra una historia exenta de fracasos, donde todo es un lecho de rosas con perfumes y candor, resulta irreal, salvo para ciertas élites. Por otro lado, si nos adentramos en la vida de alguien cuyo padre se dedicaba a la agricultura y solía quemar los pastizales para luego sembrar, la historia toma un matiz diferente. En una ocasión, sin poder controlarlo, debido a la preocupación y al temor por las posibles consecuencias de haber dañado la propiedad de otro, decidió arrojarse al río, experimentando un fuerte shock que derivó en una grave enfermedad. Eso, sí es auténtico, dolor y la lucha forjan resiliencia y todos anhelamos recompensa a nuestros esfuerzos.

En el año 2025 Netflix presenta un valioso archivo cedido por la familia del artista: 30,000 fotografías, 2,268 cintas y cerca de medio millón de registros de audio; la obra recorre desde el rechazo de su familia biológica hasta los lazos de amistad que construyó en su trayectoria. “Debo, puedo y quiero”—María José Cuevas.

Que nos cuentan ahora de Juan Gabriel que no sepamos ya.

Su mamá era una empleada doméstica que lo inscribió en un internado. Cuando él triunfó le compró una casa, pero ella no se entusiasmó con el regalo. No obstante, él le compuso una melodía que es tan popular como las mañanitas en México, “Amor eterno”.

La presentación en Bellas Artes desató polémica: el recinto, reservado históricamente para la ópera, el ballet y la música clásica, recibió con resistencia la llegada de un ícono popular. Para muchos sectores intelectuales y conservadores, aquel acto fue visto como un sacrilegio, una profanación del templo cultural; sin embargo, detrás de esa controversia se revelaba también la fuerza de un artista capaz de desafiar las fronteras de lo establecido.



En una entrevista para un programa de espectáculos, declaró: “Lo que se ve no se juzga” cuando le preguntaron sobre su orientación sexual. En las décadas de los ochenta y noventa, la sociedad mexicana era notablemente conservadora. A nadie le provoco ruido saber que el compositor más destacado del momento no se reconocía heterosexual.

El artista sabe que si es realmente el mejor (o el peor) trascenderá, como aquella mujer que intervino una pintura de principios de siglo deteriorada, en una iglesia poco visitada en Borja España; pasó a la historia por su atrevimiento y desenlace desagradable o bien como el destacado Salvador Dalí que se ufanaba de ser el mejor pintor: “Lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien”.

Algunos lo comprendemos con claridad, otros apenas lo intuyen, pero el deseo profundo y evidente del ser humano es trascender: convertirse en polvo de estrellas y, antes de partir, dejar un legado que dé sentido a su paso por la vida.



Al “Divo de Juárez” había que inventarlo, había que tenerlo como está hoy…en un altar. Necesitamos tótems, santos, ídolos. Si no ¿Qué sería de nuestra existencia?

Así sucedió con Pedro Infante, con María Félix, con Cantinflas… y también con Juan Gabriel. Recuerdo aquel programa de televisión, tal vez con Verónica Castro a principios de los años noventa, donde se quedó hasta las seis de la mañana cantando y compartiendo anécdotas de su vida. Después se escuchó el Himno Nacional y de inmediato comenzó el noticiero de ECO.

En agosto de 2026, Sony Music Vision y Cinemex se unieron para llevar a la pantalla grande la histórica presentación que Juan Gabriel ofreció el 9 de mayo de 1990 en el Palacio de Bellas Artes junto a la Orquesta Sinfónica Nacional. Lo innovador fue que las canciones venían acompañadas de subtítulos, creando un ambiente de karaoke colectivo dentro de las salas.

Las paradojas de la posmodernidad, aún mu**to sigues produciendo: Hoy es un mito, mañana será otro.

27/08/2026

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