04/10/2026
Hace una década, ser rapero en México significaba cargar con muchos prejuicios. Kyzza Terrazas, director de Somos lengua, retrató a una generación que encontró en el hip hop una manera de narrar el barrio, la desigualdad y la violencia. Jóvenes que convirtieron sus experiencias en rimas y tomaron el micrófono para contar un México que pocas veces encontraba espacio en otros medios.
El proyecto comenzó en 2012, al cierre del gobierno de Felipe Calderón, cuyo sexenio estuvo marcado por la estrategia militar contra el narcotráfico y un fuerte incremento de la violencia homicida. Ese contexto atravesó a toda una generación. Somos lengua permite escuchar cómo parte de esa realidad llegó también al rap: miedo, violencia, desapariciones, injusticia y vida cotidiana.
Más de una década después, el panorama cambió. Algunos de aquellos raperos pasaron del circuito underground a grandes escenarios y audiencias millonarias. El hip hop mexicano ganó reconocimiento y espacios, aunque los prejuicios no desaparecieron por completo. Cambió la industria y cambió la mirada sobre el rap, pero algo permanece: el micrófono sigue siendo una forma de contar la realidad.