23/12/2025
23/12/2025 — en
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Me la traje de una tarjeta navideña que, con la sencillez de lo auténtico, me envió nuestro amigo . A veces, las palabras más hondas llegan así: sin estridencia, sin discurso, directo al corazón.
“La familia es un plato difícil de preparar.”
Y lo es porque lleva muchos ingredientes. Porque reunirlos a todos nunca es fácil. Porque hay tiempos, distancias, silencios, heridas y memorias que se sientan también a la mesa.
La familia es un plato con trucos y secretos, con imprevistos y sorpresas. Un plato que emociona, que nos devuelve a quienes fuimos, que nos permite renacer incluso cuando creemos haberlo perdido todo. Nos transporta en el tiempo y nos enfrenta a lo que somos. Nos lleva a llorar, a veces de alegría, a veces de tristeza.
La receta de la familia perfecta aún no existe. Quizá porque no debe existir. La familia es afinidad, unión, regocijo, compartir, amor… y cada casa la prepara a su manera.
Hay familias dulces y otras medio amargas. Algunas agrias, otras simples. Hay familias alegres y otras silenciosas. Familias grandes, familias pequeñas. Ruidosas o tranquilas. Y aun así, sean como sean, son nuestras. Y merecen ser disfrutadas.
La receta no se copia. Se inventa. Se crea. Se prueba. Se saborea. Se aprende en el día a día, improvisando, heredando gestos, palabras, miradas. Mucho se gana en los recuerdos, en las memorias compartidas, en los encuentros que no siempre se repiten.
Porque la familia es un plato que, cuando se acaba, nunca vuelve a servirse igual.
Feliz quien la tiene y sabe disfrutarla, aprovecharla y valorarla.
La familia es el mayor y mejor regalo.
Por eso: perdónense, acéptense, tolérense, ámense. Vivan como si hoy fuera el último día que estarán juntos. Porque cuando falta un miembro, duele descubrir que lo único que nos une entonces es la ausencia.
Que siempre —y sobre todo en esta época del año— pidamos a Dios que bendiga a cada integrante de nuestra familia y nos llene de paz, salud y amor.
Muy felices días prenavideños.
Y mientras tanto, aquí va una pequeña inyección de : regalos visuales que van más allá de creencias, religiones o dogmas. Aquí sólo hay piel, sugerencia, belleza, rostros que hablan sin palabras y buenos deseos para cerrar el año con los sentidos despiertos y el ánimo en alto.
Tenía que ser. Y es.