14/02/2023
El origen de la historia del personaje de Valentín se sitúa en la Roma del siglo III, cuando el cristianismo comenzaba a extenderse. En esos momentos gobernaba el emperador Claudio II el Gótico, que promulgó una ley por la cual prohibía casarse a los jóvenes para que pudieran alistarse en el ejército. Al no estar de acuerdo con dicha ley, un joven sacerdote llamado Valentín decidió desafiar la prohibición del emperador y empezó a celebrar matrimonios en secreto entre jóvenes enamorados, además de lograr que muchos se convirtieran al cristianismo y asistir a los presos antes de ser torturados y ejecutados.
Tras ser descubierto, Valentín fue arrestado y confinado en una mazmorra.
Durante las últimas semanas de la vida de Valentin, algo asombroso sucedió.
Viendo que era un hombre de conocimiento, el carcelero le pidió que si le podía traer a su hija Julia para darle lecciones.
Ella era ciega de nacimiento.
Julia era una mujer bonita con una mente despierta.
Valentin le leía las historias de Roma.
El le describió el mundo de la naturaleza y le habló de Dios.
Ella vió el mundo a través de sus ojos.
Confiando en su sabiduría encontró consuelo y fuerza.
“Valentin, ¿realmente Dios escucha nuestras plegarias? Preguntó Julia un día.
Si mi niña. El escucha a cada uno, le contestó.
¿Sabes lo que yo pido cada mañana y cada noche? Yo le pido que pueda ver.
Yo quisiera ver cada cosa de la que tú me hablas.
“Dios hace lo que es mejor para nosotros si realmente creemos en él.
Contestó Valentin. “Oh Valentin, yo creo, Julia dijo intensamente.
Yo creo “ella se arrodilló y agarro su mano. Entonces ellos rezaron juntos.
De repente había una luz brillante en la celda de la prisión. Radiante, Julia gritó “Valentin, ¡puedo ver!
¡ Puedo ver!.
Gracias a Dios exclamó Valentin.”
En la vispera de su muerte, Valentin escribió la última nota a Julia, aconsejándola que se acercara a Dios, y firmó:
“De tu Valentin”.
Su frase fue llevada al siguiente día: 14 de Febrero, 270 A. D., cerca de una puerta que se llamó más tarde la Puerta de Valentin en su memoria.
Fue enterrado donde ahora está la Iglesia de Praxedes en Roma.
Se dice que Julia misma plantó una semilla rosa de almendro cerca de su tumba. Hoy día el almendro permanece como símbolo permanente de amor y amistad.