20/09/2025
Una historia contada por ChatGPT.
El hombre de los relojes sin tiempo
En una esquina de Valera, frente a una panadería que olía a cachitos recién horneados, apareció un hombre extraño. No tenía puesto de madera ni toldo, solo una sábana blanca extendida en el suelo. Encima, más de veinte relojes: de pulsera, de bolsillo, de mesa. Todos hermosos, todos distintos… pero ninguno marcaba la hora.
La gente pasaba y lo miraba con sospecha. “¿De qué sirve un reloj parado?”, preguntó una señora con bolsas de mercado. El hombre sonrió, con esos dientes amarillos de tanto fumar, y respondió:
—Sirve para recordar la última vez que fuiste feliz.
Cada reloj, decía, estaba ajustado al momento exacto en que alguien había sentido plenitud: el abrazo de un hijo, el beso de un primer amor, la tarde en que llovió y olía a tierra mojada.
Un joven curioso compró uno, aunque el reloj marcaba las 3:17 y no se movía. Esa misma noche, al mirarlo en la oscuridad, recordó que a esa hora había escuchado, de niño, el silbido de su abuelo en el patio, llamándolo a cenar.