15/12/2025
DEJO A SU PERRO EN LA CALLE, PERO NUNCA CREYO QUE PASARIA ESTO.
Mateo Salvatierra es un niño de 12 años quien vivió en un pueblito llamado Puerto Maldonado - Perú, muy cerca de la frontera con Bolivia pero cuando tenía 3 años le obsequiaron su primer perrito de raza pequines, y cuando le preguntaron qué nombre le pondría él exclamó que se llamaría abrazo, pero por su tierna edad no podía pronunciar bien así que se quedó con el nombre de “Bracho” y el pueblo lo reconocía siempre, pues a donde iba él, Bracho lo seguía, así lo llamo y así lo conoció el pueblo, Bracho y Mateo compartían tiempo juntos, eran inseparable e iban a todos lados, en aquel entonces había mucha inestabilidad económica en aquel país, la gente con frecuencia se mudaba del pueblo y otros emigraban al extranjero, el padre de Mateo era sembrador de árboles diversos, los cuales preparaba y habilitaba para su venta a los tráileres recolectores de madera, un día la situación no se pudo manejar más, la familia de Mateo tenía que viajar a lima, la capital de Perú, pues al incrementarse los impuestos para el traslado de la madera, ya no era rentable para ellos, el padre de Mateo vendió todo lo que tenía e incluso la casa, y cuando Mateo se dispuso a buscar un bolso donde llevar a Bracho, su padre no lo consintió, una noche antes de que dejaran su casa y se embarcaran hacia lima, el padre y la madre de Mateo conversaban sobre donde irían a vivir, y que ahora se dedicaría a vender madera en lima y ya no a producirla, de repente Mateo estaba a punto de dormir, cuando escuchó a su padre mencionar a Bracho, este dijo que Bracho no podía viajar con ellos pues a donde llegaban eran departamentos y habían sido bien específicos en el contrato de que mascotas no estaban permitidas, y que lo mejor era que mañana regalasen a Bracho a un amigo de la familia.
Mateo a su corta edad sabía que si se oponía igual no podría hacer nada, y entonces pensó durante la noche en qué hacer… ¿Cómo haría para que Bracho pudiera ir con ellos? en su inocente pensamiento no lograba entender como podría continuar su vida sin Bracho, durante toda la noche abrazó a Bracho y lo besó, lloro y le decía que tenía que irse, pero que el volvería, Mateo no quería que regalara a Bracho, pues al ser Bracho un regalo él no lo podría reclamarlo por si algún día volvía… entonces una idea surgió en su pequeña mente, Mateo llevó a Bracho y en el camino a quien conocía a Bracho le decía que si alguna vez Bracho se perdiera, que no olviden él era su dueño y que lo trataran bien y le dieran de comer, y así llevó a Bracho hasta una plaza llamada almirante Miguel Grau, y en una calle principal lo dejó atado. Llorando se despidió, Bracho miraba como Mateo se alejaba, y comenzó a llorar, Mateo se alejaba de la vista de Bracho, así se fue… llegó a casa, las maletas estaban listas, el padre de Mateo disimuladamente buscó a Bracho para regalarlo, pero al no hallarlo y ver que Mateo estaba tranquilo, dejó de buscarlo.
Era tiempo, y tenía que partir… así transcurrió el tiempo, la vida de Mateo empezó de golpe, él en la escuela de niños de su edad, papá en el trabajo con mamá, y Mateo pensaba todos los días en su amigo, imaginaba que aún seguía atado y que la gente le daba de comer al reconocer que era su perrito, agradecía en ese momento haber paseado a Bracho por toda la ciudad y que lo haya presentado a casi cada persona del pueblo. Confiaba en eso… Los años transcurrieron, Mateo cumplió 12 años… hizo nuevos amigos y la vida se hizo más llevadera… pero papá se había recuperado de la crisis, y tenían la oportunidad de hacer su vida en Lima, olvidar toda la precariedad con la que vivían en Puerto Maldonado, e incluso Mateo se desempeñó tan bien en la escuela que había obtenido beca para una escuela prestigiosa.
Entonces en la cena su padre anunció a su madre y a él, que tenían el capital suficiente para dejar el negocio funcionando en esa ciudad y que podrían abrir otro negocio más… Mateo miró a sus padres y con lágrimas en los ojos dijo ¿Papá será que puedes volver a sembrar árboles? Y por qué lloras hijo, le dijo su madre… quiero que todo sea como antes… llorando le dijo no sé qué habrá pasado con Bracho… quiero volver a casa… su padre no pudo contener las lágrimas y le dijo: Hijo mío todo lo que tengo doy por no verte llorar otra vez, vamos por Bracho… así volvieron… y apenas pisaron el pueblo empezaron la búsqueda, fue a aquel lugar donde lo dejó atado aquella vez... Pero no halló nada.
Y cuando estaba a punto de rendirse, llorando volvía y de lejos reconoció su antigua casa al llegar se sentó entonces… Alguien abrió la puerta de la casa y junto con él estaba un perrito y aun sin creer lo que veía sus ojos silbó e hizo un sonido que solo Bracho reconocería.
Entonces algo maravilloso ocurrió…. Era Bracho... Habían pasado 9 años y aun que ya era adulto, Bracho reconoció a Mateo… y dando brincos desesperadamente… comenzó a llorar...
La felicidad era inmensa, no paraban de saludarse y llorar y aun que la gente de aquella casa no entendía como el perrito se puso así… nada importaba… Sus padres llegaron y se abrazaron, entonces supieron lo que había pasado, alguien desató a Bracho, y este volvió a casa... Y aunque Mateo no estaba Bracho se quedó allí a esperarlo, y como las personas que vivían allí lo habían echado varias veces, este se quedó en la puerta y de allí no se movió hasta que su perseverancia los convenció y lo dejaban entrar de vez en cuando, los vecinos sabían que era el perrito de Mateo y le dieron de comer, así que este no necesitó de aquella familia y esperó en la casa hasta que Mateo volvió, luego de entender esta familia que era el perrito de Mateo lo dejaron ir.
Por otro lado, los padres de Mateo compraron una casa cerca y Bracho se fue a vivir con ellos, actualmente Bracho sigue con vida y es feliz junto a su amigo.