18/10/2020
UNA PINCELADA SOBRE EL ANTROPÓNIMO “CH’AMAKA”, POR SUS CLXIII ANIVERSARIO DE CREACIÓN POLÍTICA DEL DISTRITO
Por Edmundo Montes Ataucuri
(Extraído del libro inédito: Chumbivilcas, reino de semidioses: p. 73 – 75)
Los ch’amakanis, sacerdotes de la oscuridad. En cada una de las tres etnias chumbivilcanas, hubo grupos de especialistas rituales dedicados a oficios específicos. Estos tenían sus nombres respectivos, así tenemos a los ch’unpi willkas (paqus o p’aqus), los alqa wisas, los chhuchus o qurirasus, los ch’amakanis, los hanpik, los layqas, entre otros. Los ch’amakas o ch’amakanis eran sacerdotes que trabajaban en medio de las sombras lóbregas de la noche comunicándose con los dioses de la oscuridad o las tinieblas. Su oficio consistía en alcanzar una serie de ofrendas rituales para conseguir un propósito, por ejemplo, la liberación de las almas de sus clientes enfermos; se dice que los seres de la oscuridad se apoderan de los espíritus de las personas y poco a poco se las devora. Frente a estas situaciones el ch’amaka o ch’amakani cumple con su rol de conversar con esos seres. Estas ceremonias se llevan en unas habitaciones bastante profundas talladas en roca pétrea que parecen unos palacios subterráneos, a estos espacios de día no ingresa una chispa de luz.
En la población de Chamaca – Chumbivilcas residieron una importante colonia de sacerdotes de la oscuridad de mucha fama llamadas los ch’amaka o ch’amakanis, en esa zona actualmente se puede observar la caverna profunda que parece una chinkana que probablemente fue de ellos. Similar a ello encontramos en la comunidad campesina de Totora Palcca – Llusco, una población prehispánica llamada Ch’amaka pata, coincidentemente allí también se encuentra una inmensa sala tallada en roca volcánica, para cuyo acceso uno tiene que ingresar rampando. Esta sala sirvió para los rituales de los ch’amakas.
En un texto bastante interesante del altiplano boliviano se profundiza sobre uno de los especialistas rituales llamado ch’amakani, al cual consideran que “es el dueño de la oscuridad”, derivado de la traducción literal del término. Este especialista tiene la capacidad de comunicarse y hablar directamente con los distintos seres tutelares amparándose en las sombras. Este especialista establece en una sala oscura, una magnífica labor de mediación entre todos los personajes implicados en la aflicción sufrida por su cliente. Los seres tutelares son convocados y adquieren presencia mediante las diferentes voces que el especialista incorpora a lo largo de la conversación” (Fernández, 1994: 162). Según Rigoberto Paredes, el ch’amakani ejerce la magia poniéndose en contacto con los mu***os, es decir con los espíritus del Ukhupacha o del mundo de la oscuridad.
En el diccionario aymara de Felipe Huayhua Pari (2009) se menciona que “el ch’amakani, [es el] curandero, vidente. Cura en un cuarto oscuro o en sesiones nocturnas, [son] ritos de la comunicación con espíritus llamada aphalla, illa de los pacientes; es evidente, pues pronostica el futuro, o las pérdidas o robos”. Los ch’amakanis al ponerse en contacto con los seres divinos consigue una respuesta concreta a sus petitorios, por ejemplo, el dios de la oscuridad revela el nombre de un asesino, el autor de un robo, el culpable de la quema de una casa, etc. Este personaje importante en los pueblos chumbivilcanos es llamado como APU RIMACHIK (sacerdote que hace hablar al dios Apu).
En todo caso, las poblaciones de Ch’amaka (actual capital distrital del mismo nombre) y la población prehispánica de Ch’amaka Pata en Llusco fueron pueblos de sacerdotes de la oscuridad, y no por azares del destino cuentan con las cavernas profundas, estos datos nos dejan claro que Chumbivilcas en épocas antes de los Pizarro fueron especialmente dedicados al sacerdocio con sus diferentes especialistas.