20/03/2024
Todos hemos visto la película “En Busca de la Felicidad”.
Aquí la verdadera historia de Gardner.
No conozco a una sola persona que haya alcanzado el éxito, sin sacrificio, sin esfuerzo, sin perseverancia.
A inicios de los años 80, Chris Gardner (lado izquierdo y) entonces de 27 años y su hijo pequeño Chris Jr. vivieron durante 1 año prácticamente en la calle.
Su esposa lo abandonó, porque Chris no podía solventar los gastos del hogar y aunque no era desobligado, puesto que trabajaba como vendedor, estaba pasando por una muy mala racha y su compañera de vida, no soportó esta situación, abandonando a Chris y su pequeño a su suerte.
Durmiendo en el baño de una estación de tren, en parques, refugios, iglesias, donde los agarrara la noche. Comiendo en albergues, lugares de beneficencia, él y su pequeño hijo la estaban pasando realmente mal y no fue un día ni dos, ni siquiera semanas o meses sino un año completo.
¿Por qué Chris soportó todo esto?
Cuantos de nosotros hubiéramos corrido a buscar algo “seguro”. Hay quien dice prefiero ganar $100 a arriesgarme a ganar $1000 o nada.
Chris había conseguido entrar a un programa de capacitación para corredores de bolsa, motivado por lo que él había visto a las afueras de las oficinas de la firma Dean Witter Reynolds (DWR), autos de lujo, gente bien vestida y con semblantes de no faltarles nada económicamente.
Un año completo de carencias fue lo que Chris y su hijo tuvieron que soportar para que pasado ese año y una vez conseguido el puesto, su vida diera un giro de 180° grados.
Las personas exitosas muchas veces tuvieron que sufrir para poder conseguir su objetivo, la diferencia entre esas personas y la gente común es precisamente la disciplina y perseverancia para aferrarnos a la vida que queremos.
Chris no tenía de otra, NO HABÍA PLAN B.
Sabía bien que tenía que entregarse en cuerpo, alma y con toda pasión para conseguir ese puesto, era ganar o ganar, no se podía permitir que el sufrimiento y hambre que pasó su hijo, no valiera la pena. Él no podía no esforzarse, medio trabajar, a veces echarle ganas y otras no, él sabía que tenía que exigirse más, aun cuando las lágrimas de su hijo repercutieran en él.