08/10/2021
Una joven empresaria renegaba de sus trabajadores porque muchos de ellos eran irresponsables, impuntuales y sin iniciativa. “Solo trabajan por cumplimiento, por el sueldo”, decía. “Yo quiero gente que sea como yo, que quieran crecer, que vean el negocio como si fuese de ellos.”
El primer error de la joven empresaria es creer que la gente tiene que ser como ella porque, en últimas, cada persona es como quiere que ser. Además, las personas no cambian porque otros les piden que cambien; Cuando alguien cambia porque se siente presionado u obligado, esos cambios tienden a ser incomodos, crean un mal clima laboral y encima suelen ser cambios momentáneos.
El gran reto del empresario es aprender a contratar a la gente adecuada. No contratar al que me cae bien, no contratar al que me recomendó fulanito, no contratar al que congenió conmigo, sino IDENTIFICAR Y CONTRATAR AL MEJOR. Ese es el problema de muchos: no saben contratar. Incorporan a sus equipos al primero que encuentran, al más barato, al que simpatiza con ellos o al que “creen que puede hacerla.”
En las grandes empresas suelen hacer un diseño del puesto a ocupar y eso incluye determinar el perfil del trabajador que quieres. Ellos incluso determinan la naturaleza del puesto: ven si va estar subordinado o no y si es que sus funciones afectan directamente el funcionamiento del negocio. Así es como le asignan una categoría al trabajador: si es ordinario, de confianza o de dirección.
Esas son las grandes empresas. No quiere decir que en la pequeña empresa usted tenga que hacer lo mismo, solo quiere decir que ellos son cuidadosos a la hora de contratar y lo son porque la gente es el alma del negocio. Usted no puede contratar a alguien y luego cruzar los dedos para que esa persona “sea como usted” o ponerse a rezar para que esa persona “le haga caso.”
Muchos empresarios contratan al personal y luego los capacitan, los entrenan, los motivan, pero no ven cambios. La gente sigue igual. Jim Rohn decía: “No envíes a los patos a la escuela de águilas.” Los patos son patos, y si los capacitas serán patos capacitados. Si los entrenas, serás patos entrenados. Si los motivas, será patos motivados.
Al respecto, muchos dicen que esto es discriminación porque “la gente si puede cambiar.” Es cierto que la gente puede cambiar, pero la gente cambia porque ellos deciden cambiar, no porque tú se los pides. En otras palabras, los patos pueden dejar de ser patos, pero no lo hacen porque tú los capacitas, lo hacen porque ellos DECIDEN por propia voluntad hacerlo. Ellos despiertan, se sacuden, algo pasa en su mundo interior y dicen: “yo no soy un pato, soy un águila.” Es decir, el cambio de pato a águila no es por capacitación, ni motivación; es interno, es cambio de actitud. Y depende única y exclusivamente de esa persona.
Usted tiene que contratar a las personas COMPETENTES. Qué perfil requiere para tal puesto, y sobre esa base facilitar los recursos y el ambiente para que la persona pueda hacer su trabajo. Su empresa es un vehículo que debe marchar con los mejores, pero por “los mejores” debe entender que cada uno sea COMPETENTE para el puesto que desempeña.
Una chica había contratado a dos vendedores. Ambos extrovertidos, sueltos, carismáticos, y muy buenos vendedores. Pero a falta de persona y por una circunstancia particular, la joven le pedía a uno de los vendedores que él se haga cargo del dinero de las ventas y que los fines de semana cuadre la caja con ella. “Este muchacho tiene buen perfil”, decía ella. “Lo voy a ir preparando para que se haga cargo del negocio y se quede como administrador.” Pero resulta que el muchacho la primera semana respondió bien, la segunda igual, y a la tercera empezó a chocar con el dinero. Empezó a descabalar y pedía que se le descuente de sus comisiones. No era ladrón, solo malversaba, descabalaba. El muchacho era bueno en lo suyo, en las ventas, ese era su perfil y de allí no debía pasar. No tenía el perfil frío, racional y cuidadoso que se les suele pedir a los que se hacen cargo del dinero. Pero ¿que pensó la dueña del negocio? Ella dijo:”este muchacho no es como yo, no es leal ni honesto.” A la siguiente semana lo botó. ¿El problema era el vendedor o ella?
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