15/07/2025
Hace unos años trabajé con un tipo que vivía al borde del colapso.
Tenía un negocio que facturaba bien, empleados que le respetaban, e incluso, clientes que lo recomendaban.
Desde fuera, todo era aplausos.
Pero él no dormía.
Y no por insomnio.
Por culpa.
Culpa de no llegar.
De tener mil tareas pendientes.
De ver que todo dependía de él… y aún así, no daba abasto.
Cuando hablamos la primera vez me dijo:
"Creo que necesito más horas al día."
Y le contesté:
"No, lo que necesitas es quitarte de en medio...
Tú eres el cuello de botella."
Luego hubo un silencio incómodo.
Y a pesar de que a nadie le gusta escucharlo, es verdad.
Y no solo pasa en los negocios.
Pasa en tus correo, en tus relación, en tu día a día.
Un cuello de botella es esa parte del sistema que ralentiza todo lo demás.
Y lo peor que es solo lo notas cuando ves pasar los años, de esforzarte como animal y los resultados no cambian.
Cuando todo se apila en el mismo sitio.
Cuando la rueda gira, pero tú estás atrapado en el mismo punto.
A veces es un proceso mal diseñado.
Otras, es que te cuesta delegar.
O no saber decir "no".
O simplemente, te saboteas sin darte cuenta.
El día que este cliente soltó esa tarea que tanto “le costaba delegar”… (que no era ni crítica, ni difícil, ni estratégica)
su negocio despegó.
Pero más importante: él volvió a dormir.
Y tú, ¿ya sabes dónde está tu cuello de botella?
Porque te digo algo, todos tenemos uno.
El problema no es tenerlo o no querer verlo.
Si te interesa identificar el tuyo y cortarlo de raíz,
escríbeme.
Y si no… bueno, puedes seguir dándole vueltas a lo mismo.
Pero luego no digas que no te avisé.
Te mando un abrazo.