10/02/2026
Tengo 42 años y descubrí que mi esposo no es desordenado, es un artista del caos. No hablo del típico “dejó las medias tiradas”. Hablo de un nivel superior. Mi esposo es capaz de perder cosas sin sacarlas de la casa. Llaves que estaban en la mesa desaparecen. El control del televisor aparece dentro del refrigerador. Una vez encontramos su celular en el baño de visitas, detrás del sanitario, y él juraba que nunca había entrado ahí ese día.
Al principio pensé que era estrés. Trabaja mucho, llega cansado, bla, bla. Pero no. Esto es talento. Un día salió apurado diciendo que iba tarde al trabajo. Diez minutos después volvió furioso porque “alguien” le había escondido los zapatos. Yo estaba sentada desayunando. Los zapatos estaban exactamente donde siempre, puestos en sus pies. Se había devuelto a buscarlos sin darse cuenta de que los tenía puestos.
El episodio que me hizo aceptar que esto ya no era normal fue con el mercado. Le pedí que comprara cinco cosas muy puntuales: arroz, huevos, café, jabón y pan. Le escribí la lista. Se la mandé por WhatsApp. Se la leí antes de salir. Volvió orgulloso… con una bolsa de papas fritas, una gaseosa, dos chocolates y una revista. Cuando le pregunté por el arroz, me miró serio y me dijo: “Eso no estaba en la lista”.
Vivimos situaciones absurdas todo el tiempo. Una vez guardó la olla en el horno y al día siguiente casi prende fuego la casa porque nadie se acordaba de que estaba ahí. Otra vez metió la ropa sucia en la lavadora sin sacarla de la canasta.
Lo peor es cuando intenta ayudar. Un día decidió “ordenar la casa para sorprenderme”. Llegué del trabajo y no encontré nada. Nada. El azúcar estaba en el mueble de la sala, los platos en el clóset, los recibos del banco en la alacena y el gato encerrado en el cuarto porque “estaba estorbando el flujo del orden”. Él estaba feliz, sentado, esperando aplausos.
Ya no me enojo. Me resigné. Ahora pregunto antes de buscar. “¿Esto lo guardaste tú o sigue en el mundo real?”. Tenemos reglas nuevas: él no guarda nada sin avisar, no “ayuda” sin supervisión y no sale de la casa sin revisar bolsillos, manos y pies.
Lo amo, sí. Es buen esposo, buen padre, buen compañero. Pero si un día desaparezco, no fue infidelidad ni drama, fue que él me guardó en un lugar seguro y después no se acordó dónde.
Historia anónima de una seguidora
Jarhat Pacheco