30/09/2026
Crítica de SANTIDAD 🍿 película que está en cartelera
Diseño de sonido: Christian Ames: Diseño de Sonido
[ CINE | CRÍTICA: «Santidad» ]
CALIFICACIÓN: 4/5 | Por Sandro Mairata / REFLEKTOR
«La mejor comedia peruana de los últimos cinco años».
«Santidad» es la mejor comedia peruana de los últimos cinco años, y deja muy atrás al carnaval de ociosidades que suele evacuar el cine capitalino de hoy. Estamos ante una sátira con mucho vuelo y sustancia, lo cual la hace más sabrosa. Viene además desde el sur, como buena parte de lo más destacable de nuestro cine reciente. Es mordaz e insolente, claro que sí. Está rodada con singular pericia técnica. Su guion tiene mucho para decir. Su elenco nos convence del mundo inverosímil entre manos. Y mucho de lo que se muestra es para –honestamente– morirse de risa.
Escribo estas líneas cuando diversas voces denuncian una censura al filme, la cual habría sido ejercida desde el Arzobispado del Cusco, de modo que en la práctica se le impide ser proyectado en la capital de la región donde se rodó. Al parecer, el terreno del centro comercial Real Plaza Cusco –donde opera la cadena Cineplanet– es propiedad del Arzobispado, y este habría usado una cláusula contractual con Real Plaza que le permite vetar contenidos ofensivos a la Iglesia Católica. Es una tormenta perfecta porque, por un lado, está claro que ninguna autoridad religiosa debería tener la capacidad de vetar películas o contenidos que juzgue incómodos. El Perú tiene un Estado Laico y –en condiciones fuera del alcance eclesial– la imposición de censuras resulta inaceptable. Por otro lado, si la ley respalda al ofuscado censor (como parece que es el caso), salvo protestar, es poco lo que puede hacerse.
¿Qué le estaría molestando tanto al Excelentísimo Monseñor Richard Daniel Alarcón Urrutia, Arzobispo Metropolitano del Cusco? Para empezar, durante la hora y 33 minutos del filme, al arzobispo de ficción y al clero en general se les golpea duro y parejo cual piñatas. Estamos ante un filme por completo anticlerical y que se luce orgulloso de serlo. Luego, oiremos, directo y sin filtro, expresiones con todo y lisuras como «¡qué se ha creído ese cura de mierda!», «ese arzobispo parece ser muy pegado a las normas o es más jodido que un chivo», «ese cura pollerudo», «ese cura es cojudo, ni robar sabría», «cura mentecato», y varias más así. Esto, sin contar con que en todo momento se retrata al ficticio Arzobispo Boluarte (Pedro Olórtegui) como un tipo abusivo y matonesco, irascible por quítame estas pajas, maquiavélico en sus actos y mezquino con el bienintencionado Padre Fermín Pinares (Beto Benites, además coproductor del filme), además de reclamarle al mismísimo Dios «te pido una sotana roja (un ascenso a cardenal) ¡y me envías a un pueblito en la puna!».
Reitero, «Santidad» es una película anticlerical; no es ni antirreligiosa, ni anticatólica, ni anticristiana. Es un distingo importante, porque también en el guion se entremezclan las relaciones de poder, sumisión y abuso entre los mismos habitantes del ficticio pueblo de Sarapampa (entendemos que ubicado la región Cusco). Los fuegos del guionista y director debutante en largometrajes Rodolfo Espinoza están enfilados hacia las imposiciones del poder y, en esa línea, mejor harían las autoridades católicas de la Ciudad Imperial en reflexionar por qué surgen películas con esta temática y por qué hay tanta gente que se identifica y celebra lo que se muestra en pantallas. Examen de Conciencia, le dicen.
En Sarapampa se van a cumplir los 100 años del milagro de la ficticia Virgen del Maíz (existe una en la vida real, pero en México), de quien se dice que hizo llover maíz del cielo. Para la celebración y consagración de la Sagrada Imagen se requiere la presencia del arzobispo, pero este le guarda inquina a la adinerada familia local de los Vargas, debido a que descienden de un hereje: un exsacerdote que huyó para casarse con la mujer más linda del pueblo. El padre Pinares quisiera que todo sea paz entre el arzobispo y sus fieles, pero la cosa empeora por la mala actitud de la autoridad y por la antipatía que le tiene la gente.
Estamos en un «Perú» alterno donde la policía viste de un azul luminoso. En las líneas de su guion colisionan el sincretismo del respeto a los apus y la fe católica. Este filme revoltoso por méritos propios trae además actuaciones muy a tono con su misión farsesca: el trajinado Olórtegui se la pasa muy bien en su rol de arzobispo vapuleable y Benites compone un cura bonachón bastante simpático, pero son Ubaldo «Cholo Cirilo» Huamán como el pícaro Genaro Tamayo, Natalia Bonifaz como la bella chica rica del pueblo –la aguerrida Amanda Vargas–, y Marina Pumachapi como la lenguaraz y corajuda Purificación Ñaupi quienes destacan del colectivo. Presten atención a Pumachapi, quien tiene también un interesante secundario en la próxima «Lady Nazca». Su Purificación Ñaupi, de paso, es la que más insultos les reparte a los curas: «los curas son unos conchudos, con tanta plata que tienen y vienen a querer aprovecharse», le oímos decir. Es un cine costumbrista, sin concesiones, y en ese sentido, muy valiente.
Hay personajes que abultan, como el del periodista Antonio (Hugo Bonet) o a medio resolver, como el matón de caricatura Salomón Vargas (Mauricio Rueda), pero se entiende que no todo en una comedia puede manejarse en un mismo nivel. Eso sí, la fotografía de colores vívidos a cargo de Julio Ribeyro –nada menos que hijo del gran Julio Ramón– le otorga una personalidad robusta al relato, que se da el lujo de introducir estampas alegóricas donde los personajes posan como para ser retratados. Cuando vean al arzobispo sentado semidesnudo, con una manzana en la mano y rodeado de gallinas, constatarán que «Santidad» se atrevió a todo. Cosa extraña, asimismo, en el cine peruano de hoy: ¡hay desnudos!
Rodolfo Espinoza basó su guion en historias reales que le contaron de niño; el filme tomó más de una década en gestarse y fue rodado hace tres años. Ha valido la pena. Ahora hace falta que pueda verse. Y por supuesto, hay que ir a verla.
Arzobispado del Cusco