14/06/2026
🔴🔵 EL GORILA DE LA MONTAÑA: EL VIGILANTE ETERNO DEL CERRO CHALPÓN👇🏻
Desde el distrito de Tongorrape, cuando el sol empieza a suavizar su calor y la brisa del atardecer recorre los valles secos, se puede observar una montaña imponente. En sus laderas, moldeadas por siglos de viento y lluvia, la roca y la sombra forman la silueta perfecta de un gran gorila, erguido, inmóvil, que parece vigilar con mirada atenta al distrito de Motupe: ese rincón cálido y acogedor del departamento de Lambayeque.
Los antiguos cuentan que no es solo una formación de la naturaleza. Hace muchísimo tiempo, cuando los valles aún eran más verdes y las tradiciones se transmitían de boca en boca bajo la luz de la luna, vivía en estas tierras un guardián llamado Kuri. No era un hombre común: tenía una fuerza inmensa, un corazón noble y un amor profundo por la gente de Motupe y los pueblos vecinos.
En aquella época, las sequías eran terribles y las tormentas de arena amenazaban con enterrar los cultivos y secar los manantiales. Kuri, para proteger a su gente, pasaba días y noches en lo más alto de la cordillera, observando el horizonte para advertir del peligro. Pero un año, la sequía fue la más dura que se recordaba. Los ríos se agotaron y la esperanza empezó a desvanecerse.
Kuri supo que debía hacer un sacrificio mayor. Se dirigió a la montaña sagrada y pidió a los espíritus de la tierra que le dieran la fuerza necesaria para siempre vigilar y proteger. Entonces, su cuerpo se fue volviendo piedra, pero su espíritu permaneció despierto. La naturaleza fue esculpiendo su figura con el paso de los años, hasta que tomó la forma de ese gran gorila que hoy todos reconocen.
Desde Tongorrape, donde la vista se despeja, se puede distinguir su perfil: la cabeza alta, los hombros anchos, la mirada fija sobre Motupe. Los moradores dicen que cuando la montaña se cubre de neblina ligera, es que el guardián está descansando un poco, y cuando el sol ilumina su silueta con claridad, es que está despierto, asegurando que el viento traiga un poco de frescura, que los cultivos reciban humedad y que nadie sufra desgracia.
Hoy en día, cuando alguien viaja por la zona y mira hacia la montaña desde Tongorrape, siente una paz especial. Sabe que esa figura pétrea no es solo roca y sombra: es el recuerdo vivo de un protector que eligió quedarse para siempre, como un vigilante eterno, cuidando de Motupe, ese distrito cálido y querido de Lambayeque.
Créditos: José Luis Ramirez Peltroche