24/08/2026
SOLILOQUIOS DE UN JEFE DE PRENSA.
Venganza, dulce y sabrosa venganza
Los jefes de prensa también somos seres humanos. Aunque algunos crean que vivimos de sonrisas diplomáticas, apretones de manos y frases políticamente correctas, sentimos exactamente lo mismo que cualquier mortal: gratitud, simpatía, empatía... y también antipatía, fastidio y unas irresistibles ganas de pasar factura cuando alguien se lo ha ganado con sobrados méritos.
Porque sí, existen personas que te faltan el respeto con una tranquilidad admirable. Te hablan por encima del hombro, te humillan delante de otros, te hacen pasar malos momentos y luego siguen con su vida convencidos de que son imprescindibles. Lo curioso es que, en este negocio, casi nadie lo es.
Un jefe de prensa también debe saber identificar el momento exacto para cobrar revancha. No hay que precipitarse. La buena venganza, como el buen vino, necesita tiempo. Algunas demoran años en madurar; otras llegan casi de inmediato. Pero todas tienen algo en común: saben mucho mejor cuando la vida te sirve la oportunidad en bandeja y no tienes que mover un solo dedo para provocarla.
La venganza es como las lentejas: si quieres la comes y, si no, la dejas. Nadie está obligado a cobrar cuentas pendientes. Hay quienes perdonan de inmediato, otros escriben largos mensajes sobre el karma y unos cuantos citan frases de Disney o versículos bíblicos para demostrar que ellos viven en un plano espiritual superior. Se respeta.
Yo prefiero ser sincero.
Cuando alguien fue grosero, abusivo o miserable conmigo sin motivo alguno, y un día el destino hace que esa persona necesite de mí, confieso que disfruto ese instante. No porque pueda destruirla. Eso sería demasiado fácil y, además, poco elegante. Lo verdaderamente delicioso es descubrir que ahora soy yo quien decide el ritmo de la conversación, la prioridad del pedido o el entusiasmo con el que voy a ayudar.
¿Eso me convierte en una mala persona? No lo creo. Me convertí en un ser humano con memoria. Porque una cosa es no guardar rencor y otra muy distinta es sufrir amnesia.
Claro que no siempre cobro la deuda. Hay ocasiones en las que simplemente sonrío, doy media vuelta y dejo que el señor Destino haga horas extras. La vida suele ser mucho más creativa que cualquiera de nosotros cuando se trata de repartir lecciones.
Pero cuando me toca presenciar una de esas vueltas de la vida en primera fila... debo admitirlo... la disfruto como chancho en el lodo.
Y si alguien me juzga por eso, no hay problema. Todos tenemos defectos. El mío, simplemente, es que tengo muy buena memoria.