14/04/2021
¿Y EL PARLAMENTO?
José Oviedo Palomino
Ayer 11 de abril se realizaron las elecciones generales 2021. Los resultados dejaron sorprendida a la mayoría de peruanos que no entendían cómo el señor Pedro Castillo, si bien con un escaso 16%, había logrado colocarse en el primer lugar de las preferencias electorales, seguido por la señora Fujimori, el señor De soto y el señor Lescano. Si se confirman de manera oficial las tendencias hasta ahora existente, la segunda vuelta sería entre el señor Castillo y la señora Fujimori. Estamos aún en un compás de espera.
Pero si la presidencia de la República se definirá en alrededor de un mes, lo que sí se ha definido, aunque de manera no oficial, es que el Parlamento estará sumamente fragmentado. Al menos nueve partidos o movimientos políticos contarían con representación en el Congreso, lo cual resulta altamente preocupante debido a que el futuro presidente no contaría con un grupo parlamentario fuerte.
Y preocupa más, porque las declaraciones de la señora Boluarte, integrante de la plancha presidencial del señor Castillo, ha manifestado, ayer mismo que, de resultar elegidos, su gobierno cerraría el Congreso si este tuviera una actitud obstruccionista respecto de las acciones del Poder Ejecutivo que, en su entender, fueran favorables al pueblo. En conclusión, el sistema democrático quedaría en entredicho.
Mala herencia del señor Vizcarra que con la “denegación fáctica” cerró un Parlamento que ciertamente le era hostil. Y es una mala herencia porque, en primer lugar, el Parlamento no puede ser cerrado sino por razón constitucional comprobada y porque, además, la hostilidad política, en la que ciertamente incurrió el fujimorismo, no justificaba el cierre del Parlamento. De modo distinto, lo que ha quedado demostrado en este caso, es una escasísima capacidad de diálogo, y concertación. Una inmadurez política de quienes llegan al poder ayudados por las circunstancias y por la convicción en un protagonismo sin fundamento.
Si el señor Castillo anda por ese camino, ello significaría, por un lado, que el Parlamento no sería un lugar de concertación sino de mesa de partes del Ejecutivo; y, por otro, que nada, ni siquiera una nueva elección parlamentaria garantizaría la permanencia del Parlamento.
¿Puede un sistema democrático, someterse a este riesgo? ¿La fragmentación parlamentaria permitirá la concertación? La necesidad de concertación es obvia, pero no solo al interior del Parlamento fragmentado que se avizora, sino como política del Poder Ejecutivo.
Asimismo, el futuro presidente, sea quien fuere, debe entender que no podrá plasmar los objetivos planteados en la campaña, solo con los magros votos que tendrá en el Parlamento.