12/04/2026
El Perú que nunca quisimos ser
Por: Umberto Jara
¿Qué es el Perú? ¿Qué somos los peruanos? Teóricamente deberíamos ser una nación, es decir, una comunidad de personas que comparten una identidad común basada en la historia, el idioma, la etnia y la cultura. Y esa identidad debería otorgarnos un sentido de pertenencia.
Sin embargo, la realidad es otra. No tenemos identidad común y carecemos de sentido de pertenencia. Nos sentimos orgullosos de ser peruanos solamente cuando la bicolor va al mundial o cuando premian nuestra gastronomía.
En el desbarajuste de la última semana electoral, muchos se preguntan: ¿Por qué tanto personaje ridícul* quiere ser presidente? ¿Por qué no podemos tener un acuerdo en cosas básicas? ¿Por qué nos gusta tanto mirar el abismo? La respuesta es triste: siempre fuimos así.
En 1822 se eligió representantes al Congreso con reglas que contemplaban zonas a cargo de peruanos y zonas a cargo de españoles. Eso generó curiosos episodios como el que relata el gran historiador Jorge Basadre sobre un representante por Huancavelica que no necesitó ir a su región: “Tomó unos cuantos indi*s de los que cargaban en la puerta del mercado, los condujo al recinto electoral proveyéndolos de cédulas escritas para que votaran por él y así salió elegido diputado únicamente por ocho o nueve individuos que él mismo reunió para el acto del sufragio”.
204 años después, ¿acaso no se ponen en las listas al Congreso a cualquiera al que después le cobrarán una parte del sueldo?
Sigamos con Basadre y veremos que nada ha cambiado. En 1822, la Asamblea Constituyente tomó esta decisión: “En la búsqueda de la moralización de la función parlamentaria y como si hubiera previsto una corruptela de tiempos posteriores, la Asamblea acordó, a propuesta de Luna Pizarro, que ningún diputado de los que en el día componen el Congreso Constituyente pueda, durante el tiempo de su diputación, solicitar ni admitir por sí ni solicitar para persona alguna empleo, pensión, merced o gracia”.
204 años después el Congreso y Palacio de Gobierno son agencias de empleo para familiares, amigos, militantes y hasta agraciadas señoritas.
Estamos ahora en vísperas de ir a sufragio electoral en medio de una inseguridad inmensa y una ola de extorsiones y sicariato. ¿Saben cómo estaba Lima hace poco más de dos siglos? Lo cuenta Basadre: “A fines de 1822 y comienzos de 1823, plagas de malhechores infestaban los alrededores de la capital y aun las calles, lo cual dio lugar a la creación de un tribunal especial, compuesto por tres individuos de celo y probidad notorios, para proceder en forma sumaria en las causas de homicidio, heridas y hurto, dentro y fuera de la capital, con facultad para aplicar la pena de muerte. También se decretó que, después de las ocho de la noche, nadie pudiera salir a caballo y que todos los vecinos de la capital estaban obligados a patrullar sus respectivos barrios”. En el 2026 estamos peor: llenos de cámaras de vigilancia pero sin policía ni tribunales eficientes.
¿Qué es el Perú desde sus inicios republicanos hasta hoy? ¿Qué somos los peruanos? Una muchedumbre que sobrevive discutiendo y pel€ando, €mpuñando envidias y rencores, buscando ventajas personales. Incapaces somos de una tregua y un acuerdo básico para construir reglas mínimas que permitan una convivencia civilizada y enfocada hacia el bien común.
Nadie se salva. Los dueños de las grandes corporaciones miran al país como a una colonia suya de la cual extraer riqueza sin el esfuerzo de construir aunque sea un borrador de nación. Los demás se empeñan en el voto venganza o el voto emocional, no importa si eso significa lanzarse al vacío.
¿Saben cuántos gobernantes hemos tenido? De acuerdo con el registro de la Biblioteca del Congreso, entre 1821 y 2026, el Perú registra 133 gobernantes entre electos, golpistas, vacados o renunciantes. Esa cifra significa que en 205 años, el promedio es de 1,5 años por gobierno. ¿Saben cuál es el único país que nos supera? Haití. Entonces, ¿por qué nos sorprendemos por el hecho de haber tenido 8 presidentes en apenas 10 años?
Nada hemos cambiado. La única diferencia es que cada día somos más en millones para enfrentarnos con más ardor y tenacidad. Siempre rivales, el uno del otro. En 1823, Simón Bolívar escribió una carta a José Antonio de Sucre en la que le dice: “He llegado al Perú después de mil trabajos y no encuentro sino desorden por todas partes. Este país es un caos; no hay un solo hombre que mande ni que obedezca. Cada jefe quiere ser soberano y cada pueblo independiente (…) la anarquía más espantosa reina en todas partes”.
Tres años después, Bolívar le dice a Sucre: “Me retiro convencido de que este país no tiene remedio por ahora. Todo está corroído por la discordia y la ambición. He luchado por establecer el orden, pero ha sido inútil. Tal vez el tiempo haga lo que nosotros no hemos podido”. Dos siglos después, también hemos derrotado al tiempo.
¿Por qué no hemos logrado ser una nación? Porque carecemos del sentido de pertenencia. ¿Qué significa? Sentir que eres parte de algo y ese algo es tuyo. Es cuando dices: “este es mi lugar” y lo cuidas, lo mejoras, lo proteges porque a ese lugar perteneces.
Ese sentido de pertenencia no lo tenemos. No queremos ni cuidamos el lugar que nos ha tocado habitar. ¿Cómo explicar que, a horas de las elecciones, un estafador, un cómico o el sucesor de Pedro Castillo, tengan opciones electorales?
Este país que llamamos Perú es apenas un territorio en el cual sobreviven tribus de distintas r*zas, diversas ideas, diferentes intereses, todas decididas a no tener ningún acuerdo pero convencidas de una sola cosa: el encono, la discordia, la enemistad. De la mano de esos r€ncores vamos a depositar un voto lleno de incógnitas sobre nuestro futuro.
Está vez, intenta elegir bien.