19/06/2026
A Maclovia la regateaban. A los 20, “bájale, pues”. A los 38, “pero si es fácil para ti”. A los 65, “ya, pe, un descuentito”. Novios. Jefes. Clientes. Todos querían oferta. Como si su tiempo fuera remate. Como si su cabeza fuera saldo. Y ella antes cedía. Por miedo. Por hambre. Por costumbre. Porque a la dama que duda de su precio, le ponen etiqueta de ganga. Y al caballero también.
A los 92, tejiendo chompas en Gamarra. Se le acerca un señor, terno, apurado: “doña, ¿cuánto por una docena? Pero rápido y barato”. La miró. Arrugada. Ojos claros. 70 años tejiendo. Manos que no tiemblan. Aguja que no falla. Dejó la lana. Se quitó los lentes. Y dijo, sin cólera, con la calma del que sabe lo que vale, con factura en la lengua:
No soy difícil. Soy cara. Y tú preguntas precio porque no puedes con el valor.
Y entendió. No era soberbia. Era inventario. El terno no quería chompa. Quería rebaja. No veía 70 años de nudos. Veía hilo. No veía noches sin dormir. Veía “fácil”. Y lo fácil no se paga. Lo valioso sí. Así que ese día, no bajó. “Cuesta 300. O te vas”. El terno se fue. Vino una señora. Pagó. Sin llorar. Y raro: la espalda dolió menos. Porque la que cobra lo que vale, aunque venda poco, duerme en paz. Y la dama que no se remata, se respeta. Y el caballero también.
Desde ese día, ley. Le piden rebaja: “no hago”. Le dicen “difícil”: “cara”. Porque la dama no nació para oferta. Nació para estándar. Y el caballero tampoco. Y la casa de una mujer que cobra su valor, aunque venda una chompa al mes, es empresa. Y el precio, cuando lo sostienes, filtra clientes y filtra vida.
Hoy Maclovia tiene 104. Teje tres chompas al mes. Las vende en 500. Y cuando su nieto de 23 le dice: “abuela, me piden trabajar gratis ‘para ganar experiencia’”, Maclovia le pone la aguja en la mano: “hijo, no eres difícil. Eres caro. Y preguntan precio porque no pueden con tu valor. Así que cobra. O vete. Porque el caballero no se regala. Y la dama tampoco. Y al que quiere ganga se le responde con puerta. Con clase. Con lana. Con tarifa. Y tú, hijito, tú no me heredas descuento. Me heredas precio”.
Porque difícil espanta. Caro selecciona. Y la dama, el caballero, eligen valer. Aunque vendan poco.