Análisis de Callejón

Análisis de Callejón Análisis de Callejón es un espacio de reflexión sobre temas sociales, políticos, culturales y económicos desde la mirada de un puertorriqueño común.

Opinión con criterio, pensamiento crítico y enfoque en aportar valor para una mejor sociedad.

LUMA | CARGAS FANTASMAS QUE TE CUESTAN UN BILLETAL TODOS LOS MESES | Todos estamos indignados por el aumento en el costo...
14/08/2026

LUMA | CARGAS FANTASMAS QUE TE CUESTAN UN BILLETAL TODOS LOS MESES | Todos estamos indignados por el aumento en el costo de la energía. Es totalmente válido que nos quejemos de lo que nos hacen pagar por un servicio tan esencial. Muchos se preguntan por qué pagan tanto si casi no están en la casa o si apenas tienen tiempo de consumir energía. Pero hay algo que no ven, las cargas fantasma están ahí para joderte.

Una carga fantasma es el consumo de electricidad que realizan algunos equipos aunque el usuario crea que están apagados.

Esto ocurre porque ciertos dispositivos no se desconectan por completo y mantienen activos algunos componentes internos para poder responder a funciones específicas, como encenderse rápidamente, recibir señales o conservar configuraciones.

El televisor puede verse físicamente apagado, pero mantiene energizados circuitos que esperan la señal del control remoto o conservan determinadas configuraciones y funciones WiFi activas.

El receptor o caja de cable o internet permanecen encendidas aunque nadie esté viendo televisión. El microondas, consolas de juego y otros equipos mantienen su reloj y otros componentes electrónicos funcionando. Una lavadora moderna puede conservar encendidos sistemas electrónicos aunque lleve días sin utilizarse.

Lo mismo ocurre con muchos acondicionadores de aire modernos. Usted puede apagarlo y posteriormente encenderlo desde un teléfono antes de llegar a su casa. Para poder recibir esa orden, necesariamente tiene que existir un sistema de comunicación que permanece activo mientras el acondicionador aparenta estar apagado.

También están los cargadores de teléfonos, tabletas, computadoras y otros dispositivos que permanecen conectados al receptáculo aunque no estén cargando ningún equipo. Individualmente su consumo puede ser pequeño, pero una vivienda moderna puede tener decenas de dispositivos conectados permanentemente.

Ese es el detalle que muchas personas pasan por alto. No estamos hablando necesariamente de un aparato consumiendo grandes cantidades de electricidad por sí solo. Estamos hablando de pequeños consumos permanentes que se acumulan durante 24 horas al día, los siete días de la semana y los 365 días del año.

Por eso, cuando llegue la factura de electricidad, no mires solamente cuánto tiempo tuviste las luces encendidas o cuántas horas utilizaste los equipos de mayor consumo.

Mira también todo lo que tú crees que está apagado. Porque te aseguro que apagado no está.

Así que te encuentras en una encrucijada y, en muchos casos, eres víctima de los propios adelantos tecnológicos. Para evitar el consumo fantasma, tendría que desconectar completamente los equipos. Sin embargo, muchos de estos dispositivos no están diseñados para ser desconectados diariamente sin afectar su funcionamiento, sus configuraciones o el almacenamiento de datos.

Al final, te toca decidir cómo manejar tu consumo y hasta qué punto quieres o puedes desconectar tu hogar de esta nueva realidad tecnológica.

AGUA TENEMOS; LO QUE FALTA ES GOBIERNOEl racionamiento no es una crisis creada solo por la falta de lluvia. Es la consec...
08/08/2026

AGUA TENEMOS; LO QUE FALTA ES GOBIERNO

El racionamiento no es una crisis creada solo por la falta de lluvia. Es la consecuencia de décadas de dejadez gubernamental, embalses sedimentados, equipos obsoletos, infraestructura deteriorada, salideros, mala logística y prioridades invertidas.

Puerto Rico tiene una pobre capacidad para captar y almacenar el agua que recibe. La sedimentación ha reducido considerablemente el volumen de los embalses y durante décadas no se ha desarrollado la infraestructura necesaria para aprovechar mejor el recurso. Agua tenemos, lo que no tenemos es dónde guardar suficiente para cuando deja de llover.

Los equipos son otro problema. Bombas, plantas, estaciones y otros componentes de la AAA que operan con tecnología obsoleta o han sobrepasado su periodo de utilidad. Se reparan, se remiendan y se mantienen funcionando hasta que fallan. Entonces lo que debió ser mantenimiento o sustitución termina convertido en emergencia.

La red de distribución tampoco escapa del abandono. Los salideros desperdician agua potable todos los días mientras se le exige al ciudadano reducir su consumo. Piden que limitemos el uso de agua mientras una gran parte se pierde antes de llegar a los hogares.

Y ahí están las prioridades invertidas. Dragados que no se hicieron a tiempo, equipos que no se sustituyeron, tuberías que no se renovaron y proyectos que se aplazaron durante años. Hemos administrado el deterioro en lugar de corregirlo.

Cuando el sistema finalmente no aguanta, aparecen el racionamiento, los oasis, las cisternas y las filas de ciudadanos buscando agua. La emergencia termina en la casa del ciudadano, pero comenzó muchos años antes en la falta de planificación gubernamental.

Que llueva, depende de la naturaleza. Que podamos captar, almacenar, tratar y distribuir eficientemente el agua, depende del gobierno. El problema no comenzó cuando dejó de llover. Comenzó cuando dejamos de prepararnos para cuando dejara de llover.

DORADO OTRO PAÍS DENTRO DE MI PAÍS. El sábado estuve en Dorado en horas de la noche. Había estado allí antes de pasada p...
22/07/2026

DORADO OTRO PAÍS DENTRO DE MI PAÍS. El sábado estuve en Dorado en horas de la noche. Había estado allí antes de pasada pero nunca había llegado a su centro urbano. La limpieza del pueblo, el mantenimiento de calles, carreteras y áreas turísticas te hace sentir que estás en otro país.

De noche estructuras alumbradas de colores, una vida nocturna increíblemente activa en diversos puntos comerciales, vigilancia con muchas torres de seguridad, y las calles impecablemente limpias. Un sábado en la noche y ni un vaso en la calle. A esa hora aún cientos de personas salían del balneario e igualmente impecable los alrededores sin una sola lata en el suelo.
“No lo puedo creer”, dije anonadado.

El domingo regresé de día a apreciar mejor todo y a comprobar si lo que había visto era cierto y si. Igualmente todo limpio, sin animales realengos (al menos no vi ninguno), los bordes de las carreteras parecen campos de golf, los pórticos de urbanizaciones, comunidades, hoteles son muy cuidados y ambientados con una obra paisajista bien planificada. Es más, la entrada al hospital parece de un hotel resort 5 estrellas.

El mantener las áreas parece la misión municipal y está ya inyectada en la cultura de los que allí viven. Ellos respetan su entorno y se ve que lo cuidan.

Unos kilómetros adelante salí de la jurisdicción de Dorado. Al llegar al pueblo colindante la realidad de un Puerto Rico descuidado y abandonado volvió a surgir. Calles llenas de agujeros, basura a los lados, vegetación salvaje que irrumpe en la carretera, el desorden evidente de los residentes y una dejadez municipal que contrasta grandemente con lo vivido en Dorado.

Vaya y visite Dorado, vaya un domingo en la tarde, transite por pueblo, por los centros comerciales y por el balneario donde hay miles de personas. La basura en la calle que encuentre yo se la pago. Verá la arena libre de basura entre todas las familias reunidas. Todo recogido en bolsos en los lugares destinados para su remoción.

Un país diferente en mi propio país.

Los caballos sueltos dejaron de ser un problema aislado, son un problema de seguridad pública.Lo ocurrido en Guayanilla,...
14/07/2026

Los caballos sueltos dejaron de ser un problema aislado, son un problema de seguridad pública.

Lo ocurrido en Guayanilla, donde un conductor resultó herido tras impactar un caballo que irrumpió en la carretera PR-335, pudo haber terminado en una tragedia mayor. El conductor sobrevivió con heridas leves, pero el desenlace pudo ser muy distinto. Y, lamentablemente, no es un caso aislado.

Puerto Rico lleva años enfrentando este problema sin una estrategia seria y permanente. Los accidentes con caballos, vacas y otros animales continúan ocurriendo en distintas carreteras del país porque seguimos atendiendo las consecuencias, pero no la causa.

Ha llegado el momento de asumir este problema como lo que realmente es; un asunto de seguridad pública que requiere un proyecto de país.

No basta con que un municipio haga un esfuerzo mientras el de al lado no hace nada. Los caballos no conocen límites municipales. Hoy pueden estar en Guayanilla y mañana en Yauco, Guánica, Peñuelas o cualquier otro pueblo. La respuesta tampoco puede depender de la capacidad económica o del interés de un solo alcalde.

Se necesita una inversión permanente del gobierno central para crear una estructura especializada que atienda este problema todos los días del año.

Ese plan debería incluir una unidad dedicada exclusivamente a la captura de equinos y ganado suelto, equipada con veterinarios, personal adiestrado, vehículos especializados y lugares adecuados para mantener los animales bajo custodia.

También es indispensable identificar las carreteras de mayor incidencia para reforzar la vigilancia, mejorar la iluminación, instalar rotulación preventiva y responder con rapidez a las querellas de ciudadanos que reportan animales en las vías públicas.

Pero el problema tampoco se resolverá si la irresponsabilidad sigue saliendo barata.

Las multas tienen que ser mucho más severas y cobrarse efectivamente. Cuando exista reincidencia, el Estado debe tener la facultad de confiscar los animales.

Igualmente, Puerto Rico necesita un sistema obligatorio de identificación mediante microchip o algún otro mecanismo permanente que permita conocer de inmediato quién es el propietario de cada caballo o cabeza de ganado.

Porque hoy ocurre algo que todos conocen, después de un accidente, aparecen los animales, pero desaparecen los dueños.

Muchos simplemente guardan silencio para evitar multas, demandas y responsabilidades. Y en otros casos, la realidad es todavía más preocupante, hay personas que les asignan tan poco valor a esos caballos que ni siquiera les interesa reclamarlos cuando el gobierno interviene. Los abandonan porque les resulta más fácil conseguir otro animal que asumir las consecuencias de su negligencia.

Eso significa que el Estado también necesita herramientas para disponer legalmente de esos animales cuando nadie los reclama, evitando que vuelvan a terminar en las carreteras.

Finalmente, la legislación debe establecer con claridad que el propietario de un animal que provoque un accidente responderá por los daños materiales, gastos médicos y cualquier otra responsabilidad civil que surja de ese hecho. Quien decide tener un caballo también debe asumir la responsabilidad de mantenerlo donde corresponde.

Puerto Rico necesita una política pública permanente, recursos económicos suficientes y voluntad para ejecutar un plan que proteja tanto la vida de las personas como el bienestar de los propios animales.

Mientras sigamos viendo estos accidentes como hechos aislados, tendremos que lamentar tragedias que pudieron evitarse.

FOTO: THE SHADOW NEWS

02/07/2026

Hay gente que culpa al gobierno por todo. Basura en las calles, deterioro de las comunidades, corrupción y hasta la falta de civismo. Pero nunca se preguntan cuántos de esos problemas también sobreviven gracias a su indiferencia, silencio o sus propias acciones. Una sociedad que solo exige derechos, pero nunca examina sus responsabilidades, termina convirtiéndose en cómplice de sus propias frustraciones.

Más Na… eso era. Bye.

30/06/2026

Hemos perdido la capacidad de esperar. Queremos éxito rápido, respuestas inmediatas y soluciones instantáneas. Pero la vida no funciona a la velocidad de un teléfono. La experiencia, la confianza y los grandes resultados siguen tomando tiempo. Tal vez la mayor crisis de nuestra época no sea la falta de recursos, sino la falta de paciencia.

19/06/2026

ENERGÍA ELÉCTRICA Y LA AAA, DE UN PÁJARO LAS DOS ALAS | Más que una crisis de agua o de electricidad, Puerto Rico tiene una crisis de infraestructura.

Las averías que dejan a cientos de miles de personas sin servicio no es el problema, eso simplemente son los síntomas. Sistemas que durante décadas se han empujado al límite mientras distintos gobiernos prometían modernización, mantenimiento y mejoras que nunca llegaron.

La crisis de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados es idéntica a la crisis de electricidad. Ambas enfrentan un problema estructural; infraestructura insuficiente, mantenimiento deficiente e inversión que no ha estado a la altura de las necesidades del país. El denominador común, el gobierno.

Muchos señalan hoy al director ejecutivo de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, el ingeniero Luis González Delgado. No lo conozco, no puedo decir si es un administrador brillante o deficiente. No me consta ninguna de las dos cosas.

Pero si mañana trajeran al mejor ingeniero del planeta, seguiría el mismo problema, una infraestructura que no sirve, su periodo de utilidad caducó. Podrás traer al piloto más experimentado a la pista, pero si el motor del carrito no sirve, jamás podrá llegar a la meta, no importa sus capacidades o competencias.

Lo mismo sucede con LUMA. La empresa puede tomar decisiones acertadas o equivocadas. Pero tenemos que reconocer que la red de distribución de electricidad tiene problemas profundos. Cambiar el operador no cambia automáticamente la condición del sistema.

Para acabar de completar existe un problema crítico de planificación. Mientras ambas infraestructuras operan con limitaciones cada vez mayores, continúan aprobándose nuevos desarrollos, residencias, comercios y más conexiones a sistemas ya sobrecargados.

Tenemos la necesidad de que la planificación y otorgación de permisos vayan de acuerdo a la capacidad real de los sistemas y la infraestructura disponible. Ningún sistema puede recibir carga indefinidamente sin que eventualmente aparezcan limitaciones operacionales.

Son sistemas obsoletos a los que continuamente se les añaden más clientes, conexiones y más demanda sin que exista una expansión proporcional a su capacidad.

Lo más indignante es que ninguna de estas situaciones apareció de la noche a la mañana. Estos problemas fueron creciendo año tras año mientras distintos gobiernos prometían planificación urbana, desarrollo, modernización de sistemas, inversiones, transformaciones y soluciones permanentes que nunca llegaron.

El gobierno siempre encuentra dinero para muchas cosas. Lo que nunca encuentra es la voluntad para invertir de manera consistente en el mantenimiento de los sistemas que sostienen la vida diaria de la gente.

Por eso, insisto en que el debate no debe concentrarse exclusivamente en quién ocupa una oficina, o quién administra qué. El debate debe centrarse en cómo llegamos al punto de tener sistemas tan vulnerables que una sola avería puede afectar a cientos de miles de personas.

Mientras el gobierno continúe reaccionando a las emergencias en lugar de prevenirlas, Puerto Rico seguirá atrapado en el mismo ciclo de fallas, excusas y promesas incumplidas.

EL DÍA QUE PUERTO RICO DESCUBRIÓ QUE APOSTÓ SU SED A UN SOLO TUBO | ¡Otra vez! Otra avería en el Superacueducto vuelve a...
13/06/2026

EL DÍA QUE PUERTO RICO DESCUBRIÓ QUE APOSTÓ SU SED A UN SOLO TUBO | ¡Otra vez! Otra avería en el Superacueducto vuelve a poner contra la pared a más de 100,000 abonados y nos obliga a enfrentar una realidad incómoda: Puerto Rico construyó una de las obras de infraestructura más importantes de su historia, pero durante años actuó como si fuera indestructible. Esta semana, una rotura en la línea principal de 72 pulgadas del sistema volvió a afectar el suministro de agua en múltiples municipios y expuso, una vez más, la fragilidad de una infraestructura de la que depende gran parte del país.

El problema no es la avería. Las averías ocurren en cualquier sistema del mundo. El verdadero problema es que cada vez que ocurre una rotura en el Superacueducto, Puerto Rico entra en pánico porque descubrió hace mucho tiempo que colocó demasiados huevos en una sola canasta. Durante décadas, gobiernos de todos los colores confiaron en que aquel enorme tubo construido para llevar agua desde el norte hasta el área metropolitana seguiría funcionando sin mayores contratiempos. Mientras tanto, el mantenimiento profundo, la redundancia operacional y las alternativas de respaldo quedaron relegadas a un segundo plano.

Lo preocupante es que ya nadie puede alegar sorpresa. Las roturas de los últimos años han sido advertencias constantes. En 2025 una avería en la misma tubería de 72 pulgadas dejó sin servicio a cientos de miles de personas y obligó a paralizar parcialmente el sistema durante varios días. Ahora, apenas meses después, la historia vuelve a repetirse.

La vergüenza ciudadana no nace únicamente de quedarse sin agua. Nace de la sensación de abandono. Nace cuando un país moderno descubre que una sola avería puede alterar la vida de familias, hospitales, comercios, escuelas y empresas. Nace cuando los ciudadanos vuelven a escuchar el mismo mensaje de siempre: “guarden agua”, “esperen la reparación”, “la recuperación será gradual”. Es el mismo libreto que escuchamos con la energía eléctrica, con las carreteras y con otras áreas críticas de infraestructura.

Más preocupante aún es que la discusión pública suele concentrarse en la emergencia del momento y no en las causas estructurales. Puerto Rico necesita preguntarse por qué una infraestructura estratégica de esta magnitud continúa dependiendo tanto de una línea principal. Necesita preguntarse cuánto se ha invertido realmente en mantenimiento preventivo, en monitoreo tecnológico, en reemplazo de componentes críticos y en sistemas alternos capaces de asumir la carga cuando ocurre una falla.

A corto plazo, la respuesta es relativamente sencilla. Hay que fortalecer los programas de inspección continua, acelerar la sustitución de segmentos vulnerables y establecer protocolos de comunicación más efectivos con los ciudadanos. No es aceptable que miles de personas se enteren de una crisis cuando ya el agua dejó de salir por el grifo.

A mediano plazo, el país necesita invertir en redundancia. Los sistemas esenciales no pueden depender de un único punto de falla. La ingeniería moderna enseña precisamente lo contrario: si un componente crítico falla, otro debe poder asumir la operación sin provocar una crisis masiva. Eso requiere dinero, planificación y visión, tres elementos que muchas veces escasean cuando los proyectos no producen titulares inmediatos.

Y a largo plazo, Puerto Rico tiene que asumir una conversación mucho más profunda sobre su infraestructura hídrica. El agua será uno de los recursos más valiosos de las próximas décadas. El cambio climático, las sequías prolongadas, los fenómenos atmosféricos extremos y el envejecimiento de las instalaciones exigen una transformación completa de la forma en que administramos nuestros recursos de agua potable.

La avería de esta semana no es solamente una rotura en un tubo. Es el síntoma visible de una enfermedad que lleva décadas desarrollándose. Cada gobierno ha preferido atender la emergencia antes que resolver el problema. Cada administración ha heredado la situación y la ha pasado a la siguiente. Mientras tanto, los ciudadanos siguen cargando cubos, llenando envases y preguntándose cómo es posible que, en pleno 2026, un solo tubo siga teniendo el poder de poner de rodillas a gran parte de Puerto Rico.

Y quizás esa sea la verdadera avería que debemos reparar. No la del Superacueducto, la de una cultura gubernamental que durante demasiado tiempo confundió aguantar con planificar.

EL NAUFRAGIO | Hay momentos en la vida cuando sentimos que todo se rompe al mismo tiempo. Se nos cierran puertas, se dañ...
16/05/2026

EL NAUFRAGIO | Hay momentos en la vida cuando sentimos que todo se rompe al mismo tiempo. Se nos cierran puertas, se dañan metas y sueños, se apagan ilusiones y hasta personas que juraban quedarse terminan desapareciendo. En medio de ese caos, uno piensa que está perdiendo la vida, cuando muchas veces lo que realmente está ocurriendo es que esa misma vida te está obligando a cambiar de rumbo.

En el camino aprendí de un gran hombre que “los naufragios no solo llegan para acabar con tu vida. A veces llegan para abrirte nuevas puertas”.

Hay dolores que no entendemos cuando ocurren. Hay despedidas que parecen injustas, procesos tan fuertes que nos dejan sin fuerzas, sin ganas y hasta sin fe. Pero con el tiempo uno descubre que a veces el fracaso te salva, a veces una pérdida te protege, a veces quedarte solo te ayuda a encontrarte y a veces tocar fondo es exactamente lo que necesitabas para impulsarte.

No tienes que entender ahora, hay respuestas que solamente llegan después de sobrevivir la tormenta.

Por eso hoy quiero decirte algo, si quedaste tirado o tirada en el suelo como estropajo, no te rindas. No tomes decisiones permanentes por emociones temporeras. Respira, aguanta sigue caminando aunque sea lento porque aunque hoy no lo veas, la historia todavía no termina.

No pierdas la fe.
No pierdas la esperanza.
No dejes de orar.
No dejes de confiar.

No siempre el naufragio es el final del viaje.

Una mujer turista se encuentra en condiciones graves luego de ser arrollada por un vehículo en el expreso 22. La familia...
13/05/2026

Una mujer turista se encuentra en condiciones graves luego de ser arrollada por un vehículo en el expreso 22. La familia compuesta por mamá, papá y tres hijos mayores se detuvo en el carril de paradas de emergencia para que uno de los jóvenes bajara a hacer una necesidad fisiológica. La madre bajó del vehículo para que su hijo pudiera salir cuando fue impactada por el carro que manejaba un paramédico que se dirigía a su lugar de trabajo. Debido al golpe la mujer quedó desmembrada de una pierna.

Nadie sale de vacaciones pensando que terminará en un hospital luchando por su vida. Esta familia vino con la ilusión de compartir, descansar o simplemente disfrutar unos días. Pero en la autopista, una mala decisión de minutos puede convertirse en una escena devastadora.

El carril de paradas de emergencia (el paseo), como le llamamos en Puerto Rico no existe para conveniencia es un espacio única y exclusivamente para emergencia y hay una diferencia enorme entre ambas cosas.

Muchas personas se detienen en el paseo para contestar llamadas, buscar algo dentro del vehículo, verificar direcciones o resolver necesidades momentáneas. El problema es que la autopista nunca deja de ser peligrosa. Aunque parezca que hay espacio suficiente, aunque parezca que es solo un momentito y aunque el tránsito parezca tranquilo, detenerse tiene que ser por una emergencia real.

A velocidades altas, cualquier segundo cuenta y cualquier persona fuera de un vehículo queda expuesta a un riesgo enorme. Se alega que el conductor del vehículo que impactó a la dama pudo haberse quedado dormido manejando. Si eso ocurrió, evidentemente existe una responsabilidad enorme al conducir cansado y uno tiene que reconocer los límites de su cuerpo siempre.

Pero incluso si ese conductor hubiera estado completamente despierto, la realidad sigue siendo la misma; ese vehículo nunca debió estar detenido en el paseo para atender una necesidad fisiológica. Esa probablemente es la parte más incómoda de esta conversación. Independientemente de si el conductor estaba dormido, distraído o atento, el paseo no fue diseñado para que personas bajen de un vehículo a realizar actividades cotidianas. Dos imprudencias que se convirtieron en detonantes de una desgracia. Por un lado el chofer cansado y de otro las personas que se detienen en violación a la ley en el paseo.

La autopista no es un baño improvisado, no es un área de descanso, es una zona de altísimo riesgo.

Si dentro de un grupo de viaje hay personas con necesidades fisiológicas frecuentes o alguna condición que obligue a detenerse constantemente, entonces el viaje requiere planificación. Hay que identificar estaciones de gasolina, restaurantes de comida rápida, edificios públicos, áreas seguras, salidas cercanas o rutas donde existan facilidades adecuadas. Si una carretera no ofrece condiciones razonables para eso, también existe la responsabilidad del conductor de preguntarse si ese trayecto es prudente bajo esas circunstancias.

Sentir dolor por lo ocurrido no significa ignorar que detenerse en el paseo por una necesidad fisiológica fue una imprudencia. Cuando evitamos decir las cosas como son por miedo a parecer duros, perdemos oportunidades de crear conciencia y evitar otra tragedia similar.

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