09/04/2026
¡Cuando obedeces sin entender!
Hay momentos en la vida donde las necesidades nos confrontan y no sabemos de dónde vendrá la respuesta. Así se presenta una escena en:
Mateo 17:27: Sin embargo, para que estos cobradores no se enojen, ve al mar y echa tu anzuelo. Ábrele la boca al primer pez que saques, y allí encontrarás una moneda. Toma ese dinero, y paga mi impuesto y el tuyo.
Jesús le da a Pedro una instrucción que rompe toda lógica: ir al mar, lanzar un anzuelo y encontrar una moneda en la boca de un pez. No fue un milagro para impresionar multitudes, fue una provisión íntima, específica, casi silenciosa… pero profundamente significativa.
Porque a veces creemos que Dios solo se manifiesta en lo grande, en lo visible, en lo extraordinario. Pero este pasaje nos recuerda que Él también se mueve en lo cotidiano, en lo que parece simple, incluso en lo que no entendemos. Pedro era pescador, conocía el mar, pero nunca había visto algo así. Y ahí está el detalle: Dios muchas veces usará lo que tú ya conoces, pero de una manera que jamás imaginaste.
Esta es la belleza de la fe: Dios nunca está limitado por nuestra comprensión. Lo que nos parece imposible es fácil para Él. Puede usar cosas ordinarias, personas inesperadas y situaciones sorprendentes para derramar bendiciones extraordinarias en nuestras vidas. El mismo Dios que puso una moneda en la boca del pez es el mismo Dios que conoce tus necesidades hoy. Él ve cada carga, cada oración silenciosa, cada dificultad económica y cada lágrima oculta.
Tal vez hoy estás esperando respuestas claras, caminos definidos, provisión visible. Pero Dios sigue siendo el mismo: creativo, fiel y sorprendente. A veces la respuesta no vendrá como esperas, pero vendrá. Y muchas veces estará más cerca de lo que imaginas, esperando solamente un acto de obediencia.
Porque hay provisiones que no llegan hasta que decides dar el paso, aunque no entiendas completamente.
Y en medio de todo, Dios no solo quiere suplirte… quiere recordarte que nunca ha dejado de cuidar de ti. 🌊
— Mauricio Velasco | Desde el escritorio de La Base
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