06/30/2026
Todos los caminos conducen a una sola palabra: ESCASEZ
Una reflexión para La Nueva Civilización
Hay una pregunta que durante décadas ha permanecido oculta entre discursos políticos, consignas e ideologías.
¿Por qué una nación con tierras fértiles, un clima privilegiado, millones de hectáreas cultivables y una población preparada terminó dependiendo de importar buena parte de los alimentos que consume?
La respuesta puede resumirse en una sola palabra:
ESCASEZ.
Pero la escasez no aparece por casualidad.
La escasez se crea.
Y cuando se estudia la historia económica de Cuba desde esta perspectiva, comienza a surgir un patrón que parece repetirse una y otra vez.
Todo camino termina conduciendo al mismo destino: reducir la producción.
Cuando se limita al productor...
..se crea escasez.
Cuando se castiga al que produce más...
..se crea escasez.
Cuando resulta más rentable importar que producir dentro del país...
..se crea escasez.
Cuando el campo pierde a sus agricultores...
..se crea escasez.
Cuando la industria se paraliza...
..se crea escasez.
Cuando el conocimiento profesional deja de ser reconocido y recompensado...
..se crea escasez.
Cuando el talento emigra porque no encuentra oportunidades...
..se crea escasez.
Al final, todas las decisiones terminan encontrándose en el mismo punto.
La producción disminuye.
Y donde disminuye la producción, inevitablemente aparece la escasez.
La gran contradicción
Durante años se enseñó que el socialismo debía garantizar el bienestar del pueblo.
Pero una pregunta resulta inevitable.
¿Puede existir bienestar sin abundancia?
Porque ningún sistema económico puede repartir aquello que no existe.
Ningún gobierno puede distribuir alimentos que no fueron sembrados.
Ninguna economía puede consumir indefinidamente lo que no produce.
La producción no es un detalle secundario.
Es el fundamento sobre el cual descansa cualquier modelo económico.
El campo: la mayor riqueza olvidada
Cuba posee una de las mayores ventajas naturales del Caribe.
Su tierra.
Sin embargo, miles de campos quedaron abandonados.
La agricultura perdió fuerza.
La industria azucarera, símbolo de la economía nacional durante décadas, se redujo drásticamente.
Frutales, ganadería y numerosos sectores agrícolas también fueron perdiendo capacidad.
Mientras tanto, crecía la dependencia de productos comprados en el exterior.
Paradójicamente, se enviaban millones de dólares a productores extranjeros mientras muchos productores cubanos enfrentaban enormes dificultades para crecer.
No se trata únicamente de una discusión ideológica.
Se trata de una pregunta económica.
¿Qué nación puede prosperar si paga a otros por producir lo que podría producir ella misma?
Cuando producir comienza a ser un problema
Una sociedad entra en contradicción cuando el éxito productivo deja de verse como un beneficio colectivo.
Si quien produce más es observado con sospecha.
Si prosperar genera desconfianza.
Si crecer económicamente se interpreta como una amenaza.
Entonces muchos dejan de producir.
Porque nadie lucha durante años para ser castigado por crear riqueza mediante el trabajo.
Y cuando disminuyen los incentivos para producir...
la escasez vuelve a aparecer.
La verdadera batalla
Con frecuencia se presenta el debate como una lucha entre capitalismo y socialismo.
Sin embargo, quizás la batalla más importante sea otra.
Producción contra escasez.
Porque la escasez genera dependencia.
Genera mercados informales.
Genera privilegios.
Genera corrupción.
Genera desigualdad.
Y termina creando exactamente aquello que cualquier proyecto de justicia social pretendía evitar.
La reflexión final
Tal vez la pregunta que Cuba necesita hacerse no sea qué ideología debe defender.
La verdadera pregunta es mucho más sencilla y mucho más profunda.
¿Qué leyes aumentan la producción y cuáles la frenan?
Porque toda ley que estimule la producción crea abundancia.
Toda ley que frene la producción crea escasez.
Y cuando la escasez se convierte en la norma, aparecen el hambre, la pobreza, la desigualdad y la desesperanza.
La historia enseña que ninguna nación puede construir prosperidad luchando contra quienes producen.
La misión de una civilización inteligente no es crear más obstáculos para el productor.
Es crear las condiciones para que producir sea más fácil, más digno y más beneficioso para toda la sociedad.
Porque al final, la riqueza de un país no nace de los discursos.
Nace de la capacidad de transformar conocimiento, trabajo y recursos en abundancia para su pueblo.
Ese es el principio sobre el que se levanta La Nueva Civilización: comprender que la verdadera lucha no es entre ideologías, sino entre la producción y la escasez.