04/01/2019
Se fue la luz otra vez.
Prendan las velas, busquen linternas, desconecten todo, tampoco hay señal.
Un Maduro CDTM viene a mi mente, como ese insulto que hemos repetido tantas veces que ya parece insuficiente. Se ha convertido casi en un grito de guerra, en ese sentir que nos une y ayuda a canalizar la rabia que llevamos dentro por esta situación que ya nadie aguanta.
Me asomo por la ventana.
Excepto por algunas luces de lugares que no reconozco, Caracas se ve sumida en una inmensa oscuridad.
Nunca pensé en eso, en que la oscuridad tiene tamaño. Grande, pequeña, enorme. Te envuelve, te abraza, a veces te ahoga.
Y llegan esos pensamientos que no quiero tener pero que no sé cómo evitar. ¿Hasta cuándo esto? ¿Cuánto tiempo más sin luz? ¿Cuánto falta para que esta tortura acabe? ¿Y mi trabajo? ¿Podré aguantar esto? No creo que lo aguante.
La ansiedad que tanto conozco por estos años de incertidumbre empieza a hacer estragos en mí, porque creo que hasta al final del túnel se fue la luz.
Yo no quiero vivir así. Nadie debería vivir así.
Y trato de manejar la ansiedad agradeciendo cada una de las cosas que tengo. Tengo comida, mi familia está a salvo, tenemos formas de resolver, hay quienes están mucho peor.
Pero si soy sincera, estoy increíblemente harta de agradecer migajas, mediocridad, una vida a medias. ¿Esto es vida o es apenas sobrevivir? Ya no lo sé.
Respiro. Medito. Pienso positivo.
Vamos bien. Falta poco.
No dejes que te ganen.
-
Vuelve la luz.
Apaguen las velas, conecta la nevera, no conectes todo aún que no sabemos si se vuelve a ir.
-
Por favor, que también vuelva la luz al final del túnel.
Bendito túnel, termina de una vez.
, martes 26 de marzo. 2019.