07/14/2026
LUNA DE CRISTAL - CAPÍTULO 1: La Noche Que Todo Cambió
Nunca creí en las leyendas que contaba mi abuela.
Decía que cuando la luna se volvía de cristal, transparente como el hielo, las almas destinadas a amarse se reconocían, aunque no se hubieran visto nunca.
Yo pensaba que eran cuentos para dormir. Hasta esa noche.
Me llamo Elara. Tengo 24 años y toda mi vida he vivido en el pueblo de Sombrevalle, un lugar olvidado entre montañas donde nadie entra y nadie sale. Mi vida era simple: trabajar en la librería, cuidar a mi abuela enferma y tratar de no ser invisible.
Todo cambió el día que él llegó.
La tormenta había cortado la luz de todo el pueblo. Yo estaba cerrando la librería cuando escuché la campanilla de la puerta. Un hombre alto, empapado por la lluvia, con una capa negra que goteaba en el suelo de madera.
No pude ver bien su rostro al principio, solo sus ojos. Grises. Como una tormenta.
"¿Está cerrado?" preguntó con una voz baja, cansada.
"Ya iba a cerrar... pero pasa. Afuera te vas a congelar."
Él dudó. Como si entrar fuera peligroso. Finalmente dio un paso adentro.
"Busco un libro. Uno muy antiguo. La profecía de la Luna de Cristal."
Sentí un escalofrío. Ese era el libro favorito de mi abuela. El que ella me prohibió leer.
"No tenemos ese libro", mentí.
Él me miró fijamente, como si supiera que estaba mintiendo. Se acercó al mostrador. Ahora podía verlo mejor. Era hermoso de una forma que dolía. Pálido, con cicatrices finas en el cuello que parecían hechas por garras.
"Elara", susurró mi nombre, aunque yo nunca se lo había dicho.
"¿Cómo sabes mi nombre?"
Antes de que pudiera responder, la luna apareció entre las nubes de la tormenta. Pero no era una luna normal. Era completamente transparente, brillante, como si estuviera hecha de vidrio roto y luz.
La Luna de Cristal.
Mi abuela tenía razón.
El libro que estaba escondido bajo el mostrador empezó a brillar solo. Y en el pecho de aquel desconocido, bajo su camisa mojada, algo también brillaba con la misma luz.
La misma marca que yo tengo en mi muñeca desde que nací. Una media luna.
Él la vio y sus ojos se abrieron con terror y alivio al mismo tiempo.
"Entonces eres tú", dijo. "Te encontré. Después de 100 años buscándote."
Afuera, los lobos de Sombrevalle empezaron a aullar todos a la vez.
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