08/06/2026
En medio de un día completamente normal levanté la mirada hacia las ramas iluminadas del árbol frutal que cruzaban la copa verde. Los troncos y las ramas pequeñas formaban líneas cafés entre las hojas, y aparecían pedacitos de cielo cada vez que el viento abría la copa. Revisé unas ramas bajas y después solamente me quedé ahí, disfrutando lo fuerte y generoso que se veía el árbol con la luz de la tarde. No estaba buscando nada especial, pero la vista me hizo detenerme y dejar pendientes las tareas por un momento. Las ramas, la luz y el aire en movimiento parecían bajar el ritmo de todo alrededor. Tomé unas fotos y escuché las hojas antes de seguir. Es fácil ignorar estos paisajes porque siempre están cerca, aunque muchas veces terminan siendo los recuerdos que más permanecen. Cuando por fin continué caminando, el lugar seguía exactamente igual, pero mi ánimo ya había cambiado. Un árbol conocido, un poco de cielo abierto y una pausa tranquila fueron suficientes para que el día volviera a sentirse amplio.