07/27/2026
APÓSTOL FABIÁN DI PALMA: UN HOMBRE DE DIOS COMO POCOS
Hay noticias que uno nunca quisiera recibir.
Hoy mi corazón siente el peso de despedir a un amigo, a un compañero de la fe y a un verdadero siervo de Jesucristo. El Apóstol Fabián Di Palma partió a la presencia del Señor, dejando un vacío en quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, poder escucharlo y ser edificados por su vida.
No fue simplemente un predicador. Fue un hombre íntegro, humilde, transparente y apasionado por la obra de Dios. Su amor por la Iglesia nunca fue una apariencia; fue una convicción que vivió cada día. Su ministerio no se sostuvo por estrategias humanas, sino por una vida de oración, fidelidad y obediencia al Señor.
Vivimos tiempos donde abundan las plataformas, pero escasean los hombres de carácter. Por eso puedo decir con toda sinceridad que el Apóstol Fabián Di Palma fue un hombre de Dios como pocos.
Su legado no está solamente en los mensajes que predicó, sino en las vidas que transformó, en los ministros que inspiró, en las iglesias que fortaleció y en el ejemplo que dejó a quienes compartimos con él.
Hoy el cielo celebra la llegada de un siervo fiel, mientras la tierra llora su partida.
La Biblia dice:
“Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor.”
Mateo 25:21
Estoy convencido de que esas palabras fueron las que escuchó al entrar en la presencia de Aquel a quien sirvió con todo su corazón.
A su amada familia, a la congregación y a todos los hijos espirituales que hoy lloran su partida, les expreso mi más profundo pésame y mis oraciones. Que el Espíritu Santo les fortalezca y les conceda paz en medio de este momento tan difícil.
Gracias, querido Apóstol Fabián Di Palma, por tu Sencillez, profundidad en la palabra, por tu ejemplo, por tus palabras de consejo y por enseñarnos que el verdadero ministerio se construye con amor, fidelidad y perseverancia. Hubiese querido compartir más contigo hermano. Pero seguiré el último consejo que escuché de tus labios y que atesoro en mi corazón y que algún día expresaré.
Tu voz se ha silenciado en esta tierra, pero tu legado seguirá hablando por generaciones.
Hasta aquel día, querido amigo.
Descansa en la presencia del Señor.
Con profundo respeto, cariño y gratitud,
Dr. Ángel Báez