25/07/2021
La Educación: Crítica y perspectivas de cambio.
¿Porque será que asumir cambios estructurales en materia del sistema educativo es tan difícil? ¿Sera porque todos saben?¿Será porque la dispersión del conocimiento crítico logrado no permite el consenso? ¿0 Será que un cambio estructural en la educación implica lograr verdades rupturistas que atentan contra el estatus quo? Este artículo, por cierto muy provocativo, no busca otra cosas que aportar y estimular el debate en materia de Educación.
La vocación del ser humano, el realizar su destino, implica la participación en el dominio político como medio de acción sobre lo económico y social, espacios en que se dan las relaciones de poder y proliferan las ideologías. A través de la lucha política se generan las condiciones concretas que requiere la vocación de ser más, como parte de la naturaleza humana. Donde además, como apunta Freire -autor neo-marxista que teoriza sobre educación- se requieren también las condiciones para obtener la libertad que impida el dominio de pocos sobre todos. Pero somos conscientes, capaces de conocer, capaces de aprehender, razón de ser de la curiosidad. Entonces para liberarse hay que educarse, formarse para la critica, para tomar decisiones, para poder derribar modelos y cambiarlos por otros.
Existe un estrecho vínculo entre educación y política, la educación no es neutral, ilustra y forma para la critica que se manifiesta en la política y genera, potencialmente, el cambio. Este aspecto da cuenta de una problemática que se presenta como disyuntiva en la discusión actual académica y política -como en tensión o conflicto- la objetividad o subjetividad de la Educación. Que además, complejiza el vínculo el hecho de que la política pueda ser causa de las políticas educativas, como también la educación puede generar determinados comportamientos políticos, o incluso políticas, que a su vez, repercute en las demás esferas de la vida; en lo económico, en lo social, en lo cultural, etc. Esto no implica desconocer la puja entre la educación que forma para la critica y la educación que forma para mantener el modelo vigente como de algún modo pone Freire sobre la mesa. Los sueños se cumplen rompiendo las cadenas que permitan, en libertad, su realización. En la posmodernidad progresista se rechaza cierta domesticación del tiempo, y allí se reconoce el papel de la subjetividad en la historia, y de forma política y pedagógica se reconoce la importancia de dicho papel. A su vez, la lectura critica del mundo que implica la subjetividad histórica, se basa en una practica educativa que revela verdades que a las clases dominantes interesa ocultar.
La educación es un proceso que debe de practicarse en forma permanente. El ser humano tiene por vocación la humanización, y por ello se enfrenta a la deshumanización que distorsiona la vocación. Ya que aprender y enseñar forman parte de la existencia humana, histórica y social, que satisface la naturaleza curiosa, ambiciosa y superadora del ser programado para aprender. Y la practica y el proceso de enseñar y aprender se constituye en una acción política, he aquí el vínculo entre ambas -educación y política- que se configura también en una práctica ética. La política del estado o la ciudad, es violenta si no permite que el individuo se eduque, restringe la ciudadanía, ya que no es posible ser humano sin encontrarse en contacto permanente con alguna práctica educativa.
El estado no puede dejar de cumplir su papel de facilitador y promotor de educación de calidad, generando así un problema a las clases dominantes. Y el papel de la política consiste en que los sectores no dominantes no dejen que el estado deje de cumplir su tarea pedagógica. Este aspecto también puede vincularse con la democratización de la información, que pone más aún al ciudadano común o al pueblo en contacto con el conocimiento a través de las nuevas tecnologías y de las redes informáticas. Otro de los debates actuales en la realidad mundial consiste en poner en discusión si dicha información, que muchas veces no es de calidad, sustituye el papel de la escuela o de la educación formal en algunos aspectos, como el conocimiento más empírico y cotidiano.
La ciudad, que en tanto espacio público somos todos, se torna educativa en función de la necesidad de formación del ser humano a la que debe responder. La necesidad de saber, de educación, es universal, pero lo que no es universal es la forma en que se responde a dicha necesidad de aprender y enseñar. Es decir, la necesidad de saber es universal, y la respuesta es histórica, política-ideológica y cultural. Buena parte de la tarea educativa de la ciudad, afirma Freire, tiene relación directa con nuestra posición política, con la manera en que ejercemos el poder en la ciudad y al servicio de que y quien hacemos política. Pero, interpretando a Freire, hay un momento en que se genera una laguna en la ciudad, donde la educación es espontanea y por lo tanto libre, y es allí donde se puede intervenir el poder político. La educación también implica la conscientización sobre determinados aspectos y dimensiones, la ciudad juega también un papel en ese sentido. La educación popular no acepta la posición de neutralidad política a partir de la cual la ideología modernizante entiende la educación de adultos.
La educación popular de corte progresista tiene como función insertar a grupos populares en el movimiento de superación del saber del sentido común por un conocimiento más crítico. La educación popular implica la posibilidad de cambio, rechaza el fatalismo histórico determinista. La educación popular contribuye también a la comprensión del ser humano como ser social más pluralista, menos unidireccional y abierto al debate democrático de las premisas básicas de la propia existencia. Entonces, cuando la educación esta en crisis, o sus cambios y evolución, tienen relación directa con la comprensión y con las acciones del ser humano. Y del mismo modo que la objetivización del ser humano implica su enajenación del objeto que produce, la objetivización del educando implica su enajenación de la critica y del conocimiento crtítico, o sea, de su propio ser. Como afirmo Hanna Arendt , la crisis de la educación es un asunto político, porque la educación compete al sujeto desde su propio nacimiento, y esta crisis es universal aunque en cada país o región tome algunas características particulares. Una dimensión importante del vínculo entre educación y Política que H. Arendt marca, es la perspectiva de la educación como herramienta política para adoctrinar, o para ejercer la coacción sin el uso de la fuerza, lo que da en política un sentido perverso a la educación.
La educación no es un privilegio de las clases ricas, ya afirmaba H. Arendt, pero a su vez la autora propone la existencia de una sociedad y un mundo infantil que son autónomos y entregan a los niños para que los gobiernen, donde los adultos ayudarán en ese gobierno. La autoridad que dice que hacer se encuentra en el propio grupo infantil, y lo esencial es el grupo, no el niño individual que esta dominado por una mayoría tiránica, desterrado de la autoridad paterna a la del grupo infantil. Otro supuesto que se cuestiona en la crisis de la educación, implica que la pedagogía se desarrollo como ciencia de la enseñanza emancipándose de la materia propia a trasmitir (a enseñar). Por lo tanto, el maestro o profesor ya no es quien lo sabe todo, incluso ya no necesariamente sabe más que el aprendiz, de este modo se pierde de algún modo cierta capacidad de autoridad intelectual. Un tercer supuesto -característico del mundo moderno- sostiene que sólo se puede saber y aprender lo que uno mismo ha hecho, por lo tanto, en lo posible hay que sustituir el aprender por el hacer, porque se aprende haciendo.
Pero a su vez, seguir ciertos preceptos en la educación, puede implicar alinearse con ciertas dimensiones culturales específicas, o de algún mundo con un modo cultural específico. Educarse no es neutro sólo respecto a la política o la ideología, sino que tampoco es neutro respecto a la cultura. Fraire, en “pedagogía del oprimido” interpreta la relación del educador con el educando como un aspecto de la alineación, ante la ignorancia del educando y al modo hegeliano estima el autor, donde a través de la narrativa el educador presenta un determinado mundo al educando, y el educando no se reconoce como sujeto de educación. A su vez, Hanna Arendt propone un análisis sobre la verdad que propone una versión fáctica y otra racional de la verdad. La verdad fáctica da cuenta de los hechos empíricos y tal vez en mayor contacto con la realidad, y la verdad racional implica el cientificismo y por lo tanto la racionalidad. En ambos casos podemos considerar a la educación como promotora de ciertas verdades, tanto empíricas como científicas, que a su vez configuran siempre un sesgo, o eventualmente, una alineación. La autora estima que verdad y política no van bien juntas, que el recurso de la mentira es históricamente habitual en política, ya que mantener el status quo implica no develar determinadas verdades. De este modo, la verdad es rupturista y reveladora de nuevas opciones o de posibilidades de cambio.
A su vez, en el terreno político el problema de la libertad es crucial y no sólo se encuentra en el terreno del pensamiento, como sucede con cierta posición psicológica donde la libertad es solo una percepción que contradice la real falta de autonomía del individuo dependiente del grupo (social). Hanna Arendt argumenta que la filosofía distorsiono el sentido de la libertad llevándola al campo de la política y al de los asuntos humanos. La libertad es la razón de que los hombres/mujeres vivan juntos en una organización política, así la razón de ser de la política es la libertad, y la libertad se aplica en el campo de la acción, sentencia Arendt. Es interesante tras esta posición teórica, considerar el hecho de que en nuestra realidad actual existan voces que promuevan la educación como la mejor manera de alcanzar la libertad. Si bien el concepto no es nuevo, la idea es que un pueblo instruido o educado, o eventualmente un individuo, logran la libertad justamente porque el conocimiento les permite defender sus derechos, y por lo tanto, los que impliquen grados de libertad. Por lo tanto la libertad se logra con la obtención del conocimiento crítico, que no es ninguna pauta de conocimiento específico, porque si no sería alineado y no crítico. El conocimiento crítico, esto todo aquel que logre verdades rupturistas.
En el mismo sentido, para Freire, el educando logra cierta liberación cuando la educación supera la contradicción entre el educador y el educando, esto sucede fundado en sus polos, de tal manera que ambos se hagan, al unisono, educadores y educandos. En la concepción que critica Freire, no puede verificarse dicha superación, en esa concepción la educación es el acto de depositar, trasferir, trasmitir valores y conocimientos, pero desde una relación unidireccional. La educación no crítica refleja la sociedad opresora, mantiene y estimula la contradicción, lo que a su vez refleja la cultura del silencio. En definitiva, lo que apunta Freire es que los opresores buscan cambiar la mentalidad del oprimido, pero no la situación que los oprime, de tal forma de adaptarlos a una mejor forma de dominio.
En síntesis, puede afirmarse que el vínculo entre educación y política presenta una relación dialéctica, donde los actos o hechos de una repercuten en la otra y llevan a la sociedad a algún lugar. O sea, la interacción no es ingenua ni a la deriva, las decisiones que se toman en política repercuten en la Educación en forma directa o indirecta. Y a su vez, la acción formal de educar, o incluso la informal, repercute en la vida Política diaria en varios aspectos. Por ejemplo, la educación puede dirigirse para mejorar la democracia o para justificar una dictadura, y esta suerte de alineación puede interpretarse de la propuesta de H. Arendt y P. Freire. Ya sea por la vía de adoctrinar a las nuevas generaciones con la política de la viejas, o por la vía de la educación como medio de dominio de unos sobre otros, no puede dejar de pensarse en la actualidad en el debate que mejore y adecue, o en todo caso cambie los estándares de la educación.
La calidad de la educación implica la capacidad de su utilidad, para afrontar el presente y el porvenir, en el modo de humanización, o por dimensiones más específicas como la preparación y formación del ser con conocimiento útil para la supervivencia. La vigencia de la propuesta de los teóricos mencionados esta dada por la necesidad de mantener instalado el debate que proponen tras la no resolución, aún, del mismo. La abundante información y el fácil acceso a ella a través de las redes y las nuevas tecnologías de la información, si bien pueden democratizar los contenidos de la educación y de la política, también pueden distorsionar las intenciones de culturización o homogeneidad de los sujetos. ¿Que esta bien o mal de todo esto? Y de los contenidos, implica un debate ético que no puede eludirse tampoco.