29/07/2024
El manto de silencio sepulcral que envuelve el ambiente, interrumpido únicamente por el trinar de las aves. Es como si la naturaleza misma susurrara que esta vez es diferente.
Ya no se trata de banderas políticas ni de quién tiene la razón; se trata de moralidad. Imagino a los hijos de los testigos chavistas en el extranjero, deseando regresar, sabiendo que sus padres vieron cómo se contaban los votos que reflejaban una realidad que no encajaba con la farsa.
En las redes sociales, no hay un solo video que muestre la victoria del presidente de facto en algún centro electoral o mesa. El silencio en mi barrio, usualmente bullicioso, refleja la verdad de un municipio que se autodenomina chavista. Este municipio es el reflejo de un estado, y el estado, a su vez, es el reflejo de una nación.
No importa si somos rojos, verdes, blancos, azules o Vinotinto. La única opción para todo el país, como nunca antes, es ser libre. No debemos flaquear; ayer vimos que los venezolanos que queremos un cambio somos más. Esto es solo el comienzo de algo nuevo. Y, sobre todo, recordemos que "Dios nunca falla". Deuteronomio 31:6-8: “Sé fuerte y valiente. No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará.”
Quizás no veamos los resultados de inmediato, pero cada voto, cada acto de resistencia y cada palabra compartida es un paso hacia un futuro más justo. La esperanza es una llama que arde en nuestros corazones y nos impulsa a seguir adelante. No importa cuán desafiante sea el camino, recordemos que no estamos solos. Hay una comunidad de almas afines, una red de solidaridad que se extiende más allá de las fronteras y las diferencias.
Así que, en este momento de silencio, permitámonos soñar. Visualicemos un país donde la libertad no sea solo un anhelo, sino una realidad. Donde las diferencias políticas se disuelvan en un compromiso común por el bienestar de todos. Donde la moral prevalezca sobre la conveniencia. Y, sobre todo, donde la esperanza florezca en los terrenos más áridos. La historia está llena de momentos en que la oscuridad parecía insuperable, pero la humanidad encontró la fuerza para cambiar el rumbo.